La Victoria de los renuevos

En nuestra vida cristiana muchas veces hemos declarado que vamos de victoria en victoria, pero esto significa que estamos constantemente en batalla, sin embargo tenemos la convicción de que Dios pelea por nosotros. 

Josué 6:1 LBLA  Pero Jericó estaba muy bien cerrada a causa de los hijos de Israel; nadie salía ni entraba.

Jericó era el punto de partida para una serie de victorias que Israel alcanzaría en Canaán, entonces representa para nosotros una fortaleza que podría impedir que sigamos avanzando, por lo tanto es muy importante vencerla; necesitamos meditar en aquellas cosas que pueden estar impidiendo que alcancemos la bendición en cualquiera de las áreas de nuestras vidas (familiar, económica, en la iglesia, etc.), pues esto representará nuestro Jericó.  Humanamente Israel no podía derrotar a Jericó, pues era una ciudad impenetrable, por lo que necesitaban un milagro de parte de Dios.  

Josué 5:13 LBLA  Y sucedió que cuando Josué estaba cerca de Jericó, levantó los ojos y miró, y he aquí, un hombre estaba frente a él con una espada desenvainada en la mano, y Josué fue hacia él y le dijo: ¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?

Josué probablemente levantó sus ojos meditando en la forma en que iba a conquistar Jericó, y de la misma forma nosotros nos podemos preguntar ¿cómo saldremos del problema que tenemos?  Pero a Josué se le presentó este hombre, con la espada desenvainada, es decir listo para entrar en batalla y Josué inmediatamente le pregunta ¿eres de los nuestros o de nuestros enemigos?

Josué 5:14 NVI  —¡De ninguno! —respondió—. Me presento ante ti como comandante del ejército del SEÑOR. Entonces Josué se postró rostro en tierra y le preguntó: —¿Qué órdenes trae usted, mi Señor, para este siervo suyo?

Este hombre le responde diciéndole quién era: el comandante en jefe del ejército del Señor.  Esto quiere decir que en ocasiones podemos tener una batalla que librar pero no podemos hacerlo a nuestra manera, sino que debemos dejar que el Señor sea quien nos enseñe sus estrategias, es decir reconocer que no seremos nosotros el comandante del ejército, sino debemos ceder este lugar al Señor. El reino de Dios tiene sus propias reglas y estrategias, las que debemos seguir para poder disfrutar de sus beneficios. 

Juan 5:5-6 LBLA  Y estaba allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.  (6)  Cuando Jesús lo vio acostado allí y supo que ya llevaba mucho tiempo en aquella condición, le dijo*: ¿Quieres ser sano?

Si el Señor se presentara ante nosotros para preguntarnos si queremos que nuestro problema se solucione, seguramente le responderíamos que si pero este hombre no lo hizo sino que comenzó a buscar al culpable de su problema.

Juan 5:7 LBLA  El enfermo le respondió: Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando el agua es agitada; y mientras yo llego, otro baja antes que yo.

Este hombre se auto compadeció y culpó a otros, y es posible que nosotros actuemos de la misma forma. justificándonos por la situación en la que nos encontramos, en lugar de rendirnos delante de Él. 

Juan 5:8 LBLA  Jesús le dijo*: Levántate, toma tu camilla y anda.

Jua 5:10-11 LBLA  Por eso los judíos decían al que fue sanado: Es día de reposo, y no te es permitido cargar tu camilla. Pero Él les respondió: El mismo que me sanó, me dijo: «Toma tu camilla y anda.»

Este milagro fue hecho en un día de reposo, y por eso los judíos le increparon a este hombre sobre porque cargaba su camilla, ante lo cual él respondió que el que lo había sanado le había dicho que así lo hiciera.  Esto nos habla una vez más de que las cosas en el Señor no necesariamente deben hacerse como le agrada al hombre, sino como le agrada a Él.

Juan 5:16-17 LBLA  A causa de esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en el día de reposo. Pero El les respondió: Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo.

Juan 5:19 LBLA  Por eso Jesús, respondiendo, les decía: En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera.

El reposo de Dios entonces es dejar de hacer las cosas a nuestra manera, y hacerlas a la manera de Él.   Esto fue lo que le dijo Dios a Josué, que debía hacer las cosas a su manera y no como él pensaba.

Josué 5:15 NVI  El comandante del ejército del SEÑOR le contestó: —Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar que pisas es sagrado. Y Josué le obedeció.

Lucas 6:46 LBLA  ¿Y por qué me llamáis: «Señor, Señor», y no hacéis lo que yo digo?

No podemos decir que Dios es nuestro Señor si no le obedecemos.

Salmos 23:1 LBLA  Salmo de David. El SEÑOR es mi pastor, nada me faltará.

Puede ser que en ocasiones sintamos lo contrario a lo que dice este verso y pensemos que nos falta todo: alegría, gozo, propósito, etc.  Sin embargo debemos meditar en que este verso comienza diciendo “El Señor”, es decir que Dios no nos guiará hacia la victoria si antes no le reconocemos como Señor de nuestra vida, es decir que dejemos de hacer las cosas a nuestra manera y aceptemos la forma del Señor. 

Meditemos en nuestro corazón cuál es nuestro Jericó, sabiendo que la clave para vencer es reconocer que quien debe señorear en nosotros es el Señor. Esto no consiste en que solo presentemos nuestros planes delante de Dios para que Él los bendiga, sino que antes de hacer un plan debemos consultar con el Señor sobre cuál es su plan para nuestra vida y luego caminar en ello.  La bendición de Dios sucede cuando un poder sobrenatural se mueve a favor de nosotros, pero esta bendición se activa por medio de la obediencia. 

Otro ejemplo de esto lo podemos ver en David, cuando trasladaba el arca del pacto a Israel, en el primer desfile todos estaban contentos e hicieron una gran fiesta, pero había algo que no agradaba a Dios  y esto ocasionó muerte, pues el arca no estaba siendo trasladada como Dios ordenaba.  Reconozcamos el señorío de Dios sobre nuestras vidas y Él nos dará la victoria sobre aquellas cosas que nos impiden avanzar hacia la conquista de la vida en abundancia.