El clamor de libertad

Para obtener la libertad debemos orar, suplicar y rogar, pero más allá de eso existe el clamor, y es tiempo que la iglesia clame por el pan de los hijos, que es el de liberación.  Debemos clamar para que se rompan patrones que tenemos en la mente y que nos han tenido atados y viviendo bajo un yugo de iniquidad. 

Dios no se olvida de cada una de las promesas que nos ha dado, pero el clamor tiene un efecto recordatorio de ellas (Ex. 2:23-24).  Todos tenemos diferentes códigos de voz, y estos códigos tienen un poder espiritual y son llaves que abren los cielos para que las bendiciones sean derramadas a nuestra vida.  

Cuando clamamos nuestra voz es escuchada por Dios (Ex. 3:9) y el Señor se vuelve misericordioso a nuestra necesidad. 

Debemos clamar en vez de querer actuar con nuestras fuerzas, es mejor pedir estrategias a Dios para actuar correctamente, con la unción de Dios (2 R. 4:1). 

La iglesia ha perdido confiabilidad porque muchos ministros están atados, han rechazado su llamado y se han vuelto objetos de burla por predicar sobre temas que no practican (Jue. 16:28).  Es tiempo de clamar para recibir revelación de nuestro llamado y actuar conforme a él.  Hay gente que teniendo promesas y ministerio prefieren seguir atados por no clamar al Señor (Jon 2:2).

Debemos clamar en adoración (Hec.16:24-25).  Hay mucha gente atada pero la gran mayoría no está dispuesta a clamar para recibir su libertad y ser sanos (Mar. 7:26).

Nosotros debemos orar, clamar y ver por los que no lo saben hacer. Dios nos ha dado un valor y nos llamó para clamar por los que no pueden, dando de gracia lo que por gracia hemos recibido (Gen. 41:55) debemos abrir nuestros oídos espirituales para escuchar a los que están gimiendo y ser herramientas en manos del Señor para hacerlos libres. 

Clamemos porque el pan de la liberación es para los hijos, y nosotros somos hijos de Dios, si aún hay promesas que nos hemos recibido es porque hay áreas cerradas y en los cielos están esperando escuchar nuestra voz para que podamos recibirlas (Mr. 7:27).  

Hay almas atadas y con necesidad, pero su clamor para ser llenas del Espíritu Santo no ha sido escuchado aún (Sal. 42:1), no debemos solamente pedir a otros que oren por nosotros, debemos buscar ser llenos del Espíritu de Dios.  

No es necesario que cantemos o que oremos bonito, es el clamor el que permite que nuestra voz sea escuchada en los cielos (Sal. 18:6), debemos dedicar un tiempo para orar, que sea parte de nuestro estilo de vida y no solamente en momentos de necesidad.  Cuando clamamos, nuestras oraciones son escuchadas por Dios y toda cadena y yugo que nos ha tenido atados a espíritus demoníacos