La manifestación de los hijos de Dios

Pastor Miguel Linarez.

Romanos 8:22-24 (LBLA) Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora. Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza hemos sido salvos, pero la esperanza que se ve no es esperanza, pues, ¿por qué esperar lo que uno ve?

 

Cuando aceptamos a Cristo en nuestro corazón aceptamos que el Espíritu Santo empiece a trabajar en la restauración de nuestra alma, pero llegará el día en que el trabajo será en nuestro cuerpo, pues estos versículos nos muestran que aún la creación gime esperando ver la manifestación de los hijos de Dios, es decir la redención de nuestro cuerpo y que, aunque a lo largo de nuestra vida nos enfrentaremos con situaciones muy dolorosas como enfermedades, injusticias, traiciones, debemos saber qué los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada. (Romanos 8:18) lo cual debe de llenarnos de esperanza, pues aunque nuestro presente sea abrumador, nos espera un futuro lleno de gloria en donde caminaremos con el Señor y Él enjugara toda lágrima.

 

Romanos 8:19 (LBLA) Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios.

 

La creación fue sometida a vanidad en Génesis 3 cuando Dios maldijo a la tierra, por lo que la creación se encuentra gimiendo desde entonces, y si ella anhela nuestra redención, cuánto más nosotros deberíamos anhelarla y gemir para que nuestro cuerpo sea transformado, pero para esto debemos alcanzar una medida de santidad y perfección por medio de la gracia, para que cuando Cristo se manifieste a nosotros en su segunda venida no nos alejemos avergonzados.

 

2 Corintios 5:1 (RV60) Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.

 

El cuerpo que tenemos ahora es solo una especie de casa o vehículo que nos permite movilizarnos en este mundo material, y que aunque llevemos un estilo de vida saludable, se desgasta día con día e incluso puede llegar a ser deshecho, sin embargo si esto llega a suceder y partimos con el Señor tenemos una mansión no hecha de manos, por lo que no debemos temer a la muerte. Por otra parte este cuerpo también nos limita y el rey David lo manifiesta diciendo: ¡Quién me diera alas como de paloma! Volaría y hallaría reposo. (Salmos 55:6)

 

Juan 14:1-3 (LBLA) No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros.

 

En este versículo podemos resaltar dos aspectos importantes, el primero es no permitir que se turbe nuestro corazón a causa de cualquier circunstancia e incluso de la muerte porque esta no tiene potestad sobre nosotros, nuestra vida está en las manos de Dios así que moriremos cuando Dios lo decida o cuando Él regrese como lo dice la parte final del versículo: vendré otra vez y os tomaré conmigo.

 

DE LA HUMILLACIÓN A LA GLORIA

 

Filipenses 3:20-21 (RV60) Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

 

Este versículo es claro al decir que éste es un cuerpo de humillación, porque aunque somos celestiales estamos en este mundo de paso, porque de la casa del Padre salimos y allí volveremos, así que dejemos a un lado todo complejo o inconformidad con nuestro cuerpo actual, debemos de cuidarlo, pero no excesivamente pues la misma palabra dice que el ejercicio corporal de poco aprovecha, esto es más espiritual que carnal porque somos templo del Espíritu Santo. Lo importante no es lo de afuera prestemos atención especial a nuestra alma porque Cristo no viene por un cuerpo perfecto sino por una novia sin mancha y sin arruga para transformar este cuerpo de la humillación en un cuerpo de gloria.

El evangelio es un evangelio celestial por lo que debemos poner nuestra mirada en las cosas de arriba, teniendo la esperanza que le veremos como Él es porque seremos como Él es.

 

LA REVELACIÓN DE LA TRANSFORACIÓN DEL CUERPO

 

1 Corintios 15:51 (BAD) Fijaos bien en el misterio que os voy a revelar: No todos moriremos, pero todos seremos transformados (G243 álaos), en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados.

 

El regreso de Cristo se acerca y con ello los turnos de resurrección y la transformación de los vivientes que hayamos permanecido.

 

1 Corintios 15:50 (LBLA) Y esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible.

 

Debemos despojarnos de toda carnalidad y convertir lo espiritual en celestial para poder heredar el reino de Dios.

 

1 Corintios 15:53 (LBLA) Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: DEVORADA HA SIDO LA MUERTE en victoria.

 

La victoria sobre la muerte se cumplirá en nosotros cuando nuestro cuerpo sea vestido de incorrupción e inmortalidad.

 

1 Tesalonicenses 4:13-17 (LBLA) Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá con El a los que durmieron en Jesús. Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre.

 

Hay una esperanza para nosotros, ya sea que vivamos o que muramos, de Él somos.

 

1 Juan 2:28 (LBLA) Y ahora, hijos, permaneced en El, para que cuando se manifieste, tengamos confianza y no nos apartemos de El avergonzados en su venida.

 

Es necesario permanecer en Cristo para que cuando Él aparezca no nos alejemos avergonzados, esto quiere decir que hay una condición para presentarnos delante de Él pues vemos que hay un grupo de siervos a quienes se les dice: apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad. Y otro grupo al que se le dice: Bien, siervo bueno y fiel.

 

1 Juan 3:1 (LBLA) Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; y eso somos. Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él.

 

Somos hijos de Dios y aunque aún no se ha manifestado lo que habremos de ser en la adopción de nuestro cuerpo en donde seremos vestidos de gloria, tenemos la esperanza que un día seremos arrebatados y transformados y quien tiene esta esperanza se purifica a sí mismo, así que anhelemos y gimamos por volver a Sión cantando en donde el dolor y el gemir huirá de nosotros.

 

Publicado en Pastor Miguel Linarez, Retiro Internacional.

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