Santa cena y revelación

Apóstol Sergio Enríquez.

El Señor nos da la oportunidad de acercarnos a su mesa y nos da instrucciones de cómo debemos acercarnos a ella, para lo cual necesitamos revelación del Señor, pues con ella reconoceremos nuestra condición y podremos acercarnos confiadamente a Su mesa. Traemos a veces pecados propios o pecados ancestrales, pero tenemos la oportunidad de parte de Dios, de ver nuestras faltas y no sólo ver las de los demás. Al tomar la cena del Señor, ésta nos puede hacer cambiar y ver las cosas de forma diferente.

1 Corintios 11:27-28 NTV Por lo tanto, cualquiera que coma este pan o beba de esta copa del Señor en forma indigna es culpable de pecar contra* el cuerpo y la sangre del Señor. 28 Por esta razón, cada uno debería examinarse a sí mismo antes de comer el pan y beber de la copa.

Cuando hay una revelación, debe instruirse al respecto de ella, para que se pueda hacer en orden, para que no se convierta en una cascada o una represa que se quiebra y arrasa con todo, por ello la bendición de tener ministros que nos pueden poner los límites, para recibir la revelación.

Tenemos que examinarnos o distinguirnos, de la misma forma que una persona que necesita lentes y no usa, y llega el momento en que si los usa, ya puede ver o distinguir. Ahora bien, ¿de qué manera podemos examinarnos? La forma de hacerlo es vernos a nosotros mismos, distinguir cuando nos hemos equivocado. Esta capacidad de revisar nuestra vida y poder arrepentirnos, nos permite tener una buena salud mental. Por ello, cuando nos presentamos delante de la mesa del Señor, debemos examinarnos y revisar si no estamos fallando en algo, porque pueden haber muchas cosas en las cuales podemos fallar.

Pablo nos está dando instrucciones para poder acercarnos a la mesa del Señor, como primer punto examinarnos a nosotros mismos. Lo importante en esta evaluación es que si perdemos, siempre nos dan otra oportunidad, nos dan las respuestas y nos indican qué camino debemos seguir para no volver a reprobar.

1 Corintios 11:33 NTV Así que, mis amados hermanos, cuando se reúnan para la Cena del Señor, espérense unos a otros.

El Apóstol Pablo tuvo que normar esta situación, porque algunos empezaban a comer antes que otros, y les dice que si tienen hambre, coman en su casa, dando a entender que la santa cena no es para llenar el vientre. Ahora bien, el hecho de esperar, es una prueba, pues en muchas situaciones de nuestra vida nos toca esperar. Por ejemplo, todos estamos esperando la venida del Señor, algunos hace muchos años. Esperar es un sinónimo de estabilidad, de permanecer en algo, pero aquellos que no esperan son considerados inestables. Aquellos que se desesperan comenten muchos errores, por eso dice la Palabra: Pacientemente esperé en Jehová.

En la humanidad es muy recurrente la inestabilidad emocional, pues iniciamos cosas pero después no podemos continuar y no las finalizamos, por ello hay muchas personas que van de trabajo en trabajo, de carrera en carrera, de iglesia en iglesia. Incluso la publicidad ahora ínsita en hacer las cosas de forma rápida, aprender inglés en unos meses, comida rápida, soluciones rápidas, etc.

Proverbios 24:21 NBLH Hijo mío, teme al SEÑOR y al rey; No te asocies con los que son inestables;

Si nos asociamos con personas inestables, nos dejarán cuando vengan problemas.

Proverbios 25:19 NTV Confiar en alguien inestable en tiempos de angustia es como masticar con un diente roto o caminar con un pie cojo.

El versículo habla por sí solo.

1 Timoteo 6:17 NTV Enséñales a los ricos de este mundo que no sean orgullosos ni que confíen en su dinero, el cual es tan inestable. Deberían depositar su confianza en Dios, quien nos da en abundancia todo lo que necesitamos para que lo disfrutemos.

El dinero y la economía son inestables, por ello debemos confiar en el Señor para poder disfrutar de lo que nos da. No solo los ricos confían en algo inestable, como es el dinero, sino también los pobres porque se preocupan mucho porque el dinero no les alcanza.

Éxodo 32:1 LBLA Cuando el pueblo vio que Moisés tardaba en bajar del monte, la gente se congregó alrededor de Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos un dios que vaya delante de nosotros; en cuanto a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

Moisés había subido al monte para recibir la ley de Dios, pero el pueblo no pudo esperar, necesitaban algo físico y le pidieron a Aarón que hiciera un becerro de oro para adorarlo. Muchos, cuando no pueden esperar, necesitan algo palpable, crean un becerro, es decir, una doctrina que propone poner la confianza en las cosas materiales. Sin embargo, ahora sabemos que el dinero es inestable, se destruyen familias y buenas amistades por cuestiones de dinero. En este pasaje podemos ver que el pueblo de Dios no pudo esperar, y perdieron las bendiciones que venían en la ley de Dios, las cuales eran promesas escritas, no ordenes, sino la profecía de que no harían lo que se les estaba pidiendo que no hicieran; por ejemplo, no matarás, es una promesa de que no lo haríamos. Murieron en el desierto muchos que adoraron lo que no debían, por no esperar.

1 Samuel 10:8 LBLA Descenderás delante de mí a Gilgal, y he aquí, yo descenderé a ti para ofrecer holocaustos y sacrificar ofrendas de paz. Esperarás siete días hasta que venga a ti y te muestre lo que debes hacer.

Uno de los personajes de la Biblia más inestables era Saúl, a veces quería matar a David y a veces le decía que era su hijo amado. Recibió una instrucción de Samuel, que esperara siete días, pero no pudo cumplirla a cabalidad.

1 Samuel 13:8 LBLA El esperó siete días, conforme al tiempo que Samuel había señalado, pero Samuel no llegaba a Gilgal, y el pueblo se le dispersaba.

Lo que desesperó a Saúl fue que el pueblo se dispersaba, aunque ya había esperado los siete días.

1 Samuel 13:9-10 LBLA Entonces Saúl dijo: Traedme el holocausto y las ofrendas de paz. Y él ofreció el holocausto. 10 Y sucedió que tan pronto como terminó de ofrecer el holocausto, he aquí que Samuel vino; y Saúl salió a su encuentro para saludarle.

Saúl era el rey, no era el sacerdote, hizo algo que no le correspondía hacer, es decir usurpó el ministerio. Este fue uno de los errores más grandes que cometió.

Ahora bien, nosotros debemos revisar cómo reaccionamos cuando las personas se alejan de nosotros, pues la presión de no sentirse apoyado es muy grande y puede llevar a usurpar funciones que no nos corresponden. Debemos cuidarnos de no vender la verdad que hemos aprendido para que no se dispersen aquellos que están con nosotros.

Debemos esperar en las instrucciones que hemos recibido, eso es obediencia y permanencia. Si no lo hacemos, estaremos enseñando mal a otros, como lo hizo Saúl.

1 Samuel 13:13 LBLA Y Samuel dijo a Saúl: Has obrado neciamente; no has guardado el mandamiento que el SEÑOR tu Dios te ordenó, pues ahora el SEÑOR hubiera establecido tu reino sobre Israel para siempre.

Saúl perdió muchas cosas y fue desechado del trono, no solo él, sino su familia también. Pero el Señor ya tenía apartado a aquel que ocuparía su lugar.

1 Samuel 16:11 LBLA Y Samuel dijo a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Aún queda el menor, que está apacentando las ovejas. Entonces Samuel dijo a Isaí: Manda a buscarlo, pues no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga acá.

No podía caer la bendición sobre esa casa porque no estaban todos, tenían que esperar a que viniera el más joven. No lo esperaron porque no lo consideraban parte de la familia, lo menospreciaban, e Isaí probablemente no lo consideraba su hijo.

Si menospreciamos a alguien, es decir, si consideramos que hay alguien que no está a nuestra altura, no recibiremos lo que Dios tiene para nosotros.

Este debe ser el test para cada uno de nosotros, si podemos esperar a alguien. Debemos recordar que todos tuvimos un inicio o principio en el cual tuvimos muchos tropiezos, debemos esperar a los menores, pues posiblemente después, ellos nos tengan que esperar a nosotros.

Lucas 2:25-26 NTV En ese tiempo, había en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era justo y devoto, y esperaba con anhelo que llegara el Mesías y rescatara a Israel. El Espíritu Santo estaba sobre él 26 y le había revelado que no moriría sin antes ver al Mesías del Señor.

Simeón vio la promesa que le había sido revelada, vio a un bebé que sería el libertador del pueblo de Dios, después de ver esta promesa, murió. Puede ser que la promesa la veamos en pequeño y tengamos que esperar a que crezca, por ello debemos morir a nosotros mismos y esperar con paciencia el cumplimiento de la promesa.

Éxodo 14:14 BLPH El Señor luchará por ustedes que sólo deben esperar en silencio. El Señor hará todo lo necesario, peleará por nosotros, mientras esperamos en silencio.

Publicado en Pastor Willy González.

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