Abre tus ojos

Pastor Marco Vinicio Martínez

Dios nos bendice tanto y tan constantemente, que muchas veces dejamos de apreciar Sus bendiciones porque nos acostumbramos tanto a ellas que se nos olvida que son favores inmerecidos de parte del Señor, un ejemplo de ello es el sentido de la vista. Cuando estamos llenos de problemas si le prestamos más atención a las cosas que parecieran pequeñas o insignificantes, podríamos ver lo afortunado que somos y nuestra perspectiva cambiaria, pues el simple hecho de abrir nuestros ojos y poder, ver es un milagro extraordinario de parte de Dios para nuestras vidas.

En nuestro país se estima que hay al menos 100,000 personas no videntes y las probabilidades de que una persona pierda la vista aumenta conforme avanza en su edad. Estos son datos a los que muchas veces no les prestamos atención porque tenemos la dicha de poder ver; erróneamente nos deja de interesar lo que pasa a nuestro alrededor con las personas que no ven.

La mayoría de personas posee una biblia impresa para su uso personal y en la actualidad tenemos a nuestra disposición una serie de herramientas que nos facilitan el acceso a leerla, podemos llevar aún en nuestro celular varias versiones de la misma, esto es un lujo con el que las personas no videntes no cuentan, y sin embargo esto no los ha limitado en buscar al Señor y no hace menguar el amor por su palabra, pues para poder leer la biblia en braille primero deben aprender este sistema de lectura táctil. Este sistema de lectura y escritura es en relieve, lo que aumenta el volumen de la misma, pues una biblia completa en braille pesa alrededor de 40 kilos y apilados ocupas dos metros de altura.

Debemos despertar nuestra conciencia sobre las necesidades de las personas no videntes en nuestra sociedad, dejar a un lado la indiferencia y extender la diestra de compañerismo hacia ellos, pues si somos tropiezo, para ellos vendrá lo que está escrito en Deuteronomio 27:18 Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino. Tenemos tanto que agradecer y a la vez tanta misericordia que ofrecer a otros que enfrentan desventajas distintas a las nuestras, podemos levantar la voz por los que no tienen voz (Proverbios 31:8), para que sean abiertos espacios a estas personas con capacidades especiales, para tratarlos como iguales y así mostrarles la dignidad que Dios ya les dio.

Ante estas situaciones vemos que no estamos viendo como Dios quiere, o a lo que El desea que enfoquemos nuestra mirada. Vemos cómo fue necesario que el Señor reprendiera al apóstol Pedro porque no puso su mirada en las cosas de Dios sino en la de los hombres (Mateo 16:23). Por eso vemos también que la primera trampa que el enemigo le presenta a la mujer fue dirigida a sus ojos (Génesis 3:5). Debemos aprender a ver para no ser confundidos así como lo fue Lot, sobrino de Abraham, ambos vieron el valle de Sodoma, pero cada uno tuvo su propia forma de ver las cosas, lo que los llevó a escoger y esa decisión no sólo marcó sus vidas, sino el futuro de sus familias y generaciones.

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A veces creemos tener la razón y usamos nuestra experiencia como referencia, pero debemos ser humildes y reconocer que hay partes que no alcanzamos a ver en nosotros mismos a las cuales debemos prestar atención y empezar a mirar; para ello definiremos ambas acciones ya que parecieran ser la misma.

VER vs MIRAR

● Ver Latín vidére, ver

Percibir por los ojos los objetos mediante la acción de la luz. (DRAE)

● Mirar
Latín mirari, admirarse.
Fijar la vista en un objeto, aplicando juntamente la atención.

Entonces todos vemos, pero no todos miramos lo que vemos; basta tener los ojos abiertos para ver, pero para mirar se necesitan ejercer la voluntad en alguna medida. Ver es la acción mecánica y biológica de nuestro cuerpo; sin embargo Dios quiere abrir nuestros ojos para que miremos prestando atención a lo que Él ve, por eso debemos anhelar tener Su visión pues Él ve el producto terminado, por esa razón llama a las cosas que nos son como si fuesen.

EL SEÑOR QUIERE ABRIR NUESTROS OJOS

Marcos 8:14-29 (DHH) Se había olvidado de llevar algo de comer, y solamente tenían un pan en la barca. 15 Jesús les advirtió: –Miren, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes. 16 Los discípulos comentaban entre sí que no tenían pan. 17 Jesús se dio cuenta, y les dijo: –¿Por qué dicen que no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Tienen tan cerrado el entendimiento? 18 ¿Tienen ojos y no ven, y oídos y no oyen? ¿No se acuerdan?

En este versículo El Señor les estaba advirtiendo a sus discípulos que debían cuidarse de la levadura de los fariseos, sin embargo la preocupación al ver la escasez del pan físico cegó sus ojos y fue necesario que El Señor los amonestara al respecto, pues se olvidaron del milagro que habían vivido en la multiplicación de los panes y peces. La ceguera inicia cuando nos olvidamos de los milagros y las misericordias que Dios ha dado a nuestras vidas. Seguidamente les da una lección práctica sanando a un ciego en Betsaida.

Marcos 8:22 (DHH) Después llegaron a Betsaida, y llevaron un ciego a Jesús, y le rogaron que lo tocara. 23 Jesús tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Le mojó los ojos con saliva, puso las manos sobre él y le preguntó si podía ver algo. 24 El ciego comenzó a ver, y dijo: –Veo a

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los hombres. Me parecen como árboles que andan. 25 Jesús le puso otra vez las manos sobre los ojos, y el hombre miró con atención y quedó sano. Y a todo lo veía claramente.

Dios puede abrir nuestros ojos recordándonos que sus misericordias son para siempre.

CEGUERA DEL DESÁNIMO Y LA INCREDULIDAD

Lucas 24:15 (DHH) Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos. 16 Pero aunque lo veían, algo les impedía darse cuenta de quién era. 17 Jesús les preguntó: –¿De qué van hablando ustedes por el camino? Se detuvieron tristes, 18 y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, contestó: –¿Eres tú el único que ha estado alojado en Jerusalén y que no sabe lo que ha pasado allí en estos días? 19 Él les preguntó: –¿Qué ha pasado?

El Señor se acerca como encubierto a sus discípulos pero estos no lo reconocieron porque el desánimo los había cegado, con esto podemos decir que El Señor se nos va a aparecer, incluso puede ser que ya se nos ha aparecido y que no lo reconociéramos a causa de nuestro desánimo e incredulidad. Debemos saber que Dios prometió estar con nosotros todos los días y por esa razón debemos estar alertas para poder reconocerlo.

LA CEGUERA DE LA TRISTEZA

Juan 20:13 (DHH) Los ángeles le preguntaron: –Mujer, ¿por qué lloras? Ella les dijo: –Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto. 14 Apenas dijo esto, volvió la cara y vio allí a Jesús, pero no sabía que era él. 15 Jesús le preguntó: –Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo: –Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, para que yo vaya a buscarlo. 16 Jesús entonces le dijo: –¡María! Ella se volvió y le dijo en hebreo: –¡Rabuni! (que quiere decir: “Maestro”).

La tristeza también puede cegar, María no reconoció la visitación angelical y aun confunde al Señor con el hombre que cuidaba el huerto, pero cuando El Señor la llamó por su nombre, ella lo reconoció, eso significa que cuando Dios se muestra, nuestra situación cambia, decimos esto porque después que María lo reconoció, fue a dar el anuncio de Su resurrección.

LA CEGUERA DE LA FRUSTRACIÓN, DECEPCIÓN
Juan 21:3 (DHH) Simón Pedro les dijo: –Voy a pescar. Ellos contestaron: –Nosotros también

vamos contigo. Fueron, pues, y subieron a una barca; pero aquella noche no pescaron nada.

Vemos cómo los discípulos regresan a su antigua forma de vida, pues habían perdido el sentido de la vida sin El Señor; la decepción los había cegado.

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Juan 21:4-7 (DHH) Cuando comenzaba a amanecer, Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él. 5 Jesús les preguntó: –Muchachos, ¿no tienen pescado? Ellos le contestaron: –No. 6 Jesús les dijo: –Echen la red a la derecha de la barca, y pescarán. Par Así lo hicieron, y después no podían sacar la red por los muchos pescados que tenía. 7 Entonces el discípulo a quien Jesús quería mucho, le dijo a Pedro: –¡Es el Señor! Apenas oyó Simón Pedro que era el Señor, se vistió, porque estaba sin ropa, y se tiró al agua.

Una vez más ven la sobrenaturalidad de Dios en forma de abundancia, y es allí cuando sus ojos fueron abiertos, reconocieron quien era quien les hablaba y corrieron a su encuentro.

Mateo 25:34-40 (DHH) y dirá el Rey a los que estén a su derecha: ‘Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino que está preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo. 35 Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; anduve como forastero, y me dieron alojamiento. 36 Estuve sin ropa, y ustedes me la dieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a verme. 37 Entonces los justos preguntarán: Señor, cuándo te vimos con hambre, y te dimos de comer? ¿O cuándo te vimos con sed, y te dimos de beber? 38 ¿O cuándo te vimos como forastero, y te dimos alojamiento, o sin ropa, y te la dimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte? 40 El Rey les contestará: ‘Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron.

Dios se nos puede manifestar de muchas formas pero hay una muy peculiar, y es en forma de un necesitado, por eso no desechemos a estas personas, pues al hacerlo podríamos estar desechando al Señor.

En todos los milagros que El Señor hizo a los ciegos lo más importante no fue el milagro en sí, sino que fue la relación con la persona que fue sanada, y es cuando El Señor se revela a ellos como salvador, esto es para que no vayamos tras los milagros y cegados nos olvidemos de quién hizo el milagro; lo que nos enseña que debemos buscar al Señor por lo que Él es y no por lo que nos pueda dar.

Debemos anhelar que nuestros ojos sean abiertos para ver más allá de lo físico, a la manera de Isaías, quien pudo ver al Señor sentado en Su trono (Isaías 6), y de esa forma también le fue manifiesta su condición y recibió la limpieza y la santidad que necesitaba.

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