La plenitud que extirpa la rebelión

Anciano Sergio Licardié.

Podemos hacer un resumen de lo que hemos estado siendo ensañados acerca de la rebelión, hay 22 libros en el Antiguo Testamento que tienen capítulo 13 y 10 libros en el Nuevo Testamento que también lo tienen. El número 13 describe la rebelión y su carácter, es también el carácter del falso profeta. Entonces son 17 libros, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que no tienen capítulo 13. Los primeros tres libros del Antiguo Testamento que no lo tienen son: Rut, Esdras y Ester.

Vemos lo que sucede en el libro de Ester: Es el libro número 17 de la Biblia, el número tres sin capítulo 13, tiene 10 capítulos, el último capítulo tiene solo tres versículos, el cual presenta un relato sobre Mardoqueo. En el capítulo 9, se relata la victoria de la familia real, porque Ester se casó con el rey, lo cual constituye una sombra para nuestra familia.

Ester es un libro de la Biblia que habla de una joven judía que se casa con un rey pagano, debido a que halla gracia delante de él. En ese tiempo, hubo una amenaza de destrucción para el pueblo judío en un día número 13, que significa rebelión. Entendemos entonces que el propósito del enemigo, por medio del carácter del anticristo y el falso profeta es destruir a la familia, es decir, por medio de la rebelión.

Dentro de este libro hay un código de las batallas que debemos librar en la familia, pues a pesar de no tener una carrera militar en lo terrenal, libramos batallas en nuestra vida, de forma espiritual.

La primera batalla está en Ester 9:6,10 cuando el pueblo de Israel obtiene la orden de atacar a aquellos que los quieren destruir. Esto significa que como familia, tenemos la oportunidad de prepararnos para defendernos de los enemigos que nos quieren destruir. Esta batalla ocurre en el Palacio de Susa, donde mueren 510 enemigos, de los cuales 10 eran los hijos de Amán. Este numero se puede descompones en (5*100)+10, es decir, (5*10*10)+10; es decir que aquí hay tres números 10 y esta batalla sucedió en el día 13.

La segunda batalla está en Ester 9:15, la cual ocurre en la ciudad de Susa, donde mueren 300 enemigos. Este número es 3*100, es decir, 3*10*10, hay dos números 10; esta batalla sucedió en el día 14 y, como batallaron dos días en la ciudad, reposaron en el día 15.

La tercera batalla se da en las provincias, se describe en Ester 9:16 y en ella mueren 75,000 enemigos. Esto es (60+10+5) *1000, es decir, ((6*10)+10+5) +10*10*10, en este número hay 5 números 10. Esto sucede en el día 13 y en las provincias reposan el día 14.

Resumiendo: Hubo batallas en 3 lugares diferentes, en el día 13 se peleó en todo el reinado, en el día 14 inicia una parte del reposo, pero se extiende al día 15; esto significa que después del día 13 hay doble día de reposo. El 10 como múltiplo del número de enemigos derrotados, aparece 10 veces. Este número es la figura de las enseñanzas, que están en el libro de Ester, que nos llevan a la plenitud que extirpa la rebelión en el hogar. Entonces el número 10, que significa la plenitud que se cumplió en Ester y en el pueblo judío, nos permite derrotar los decretos del número 13 y todos los enemigos que se levantan en nuestro hogar.

Podemos ver en el libro de Ester todos los números 10 y ver qué debemos hacer para sacar la rebelión de nuestros hogares, pues aunque no queramos, aún tenemos algunos resabios de 

rebelión en nuestros corazón. De seguro muchas veces Dios nos ha hablado indicándonos que obedezcamos y nosotros no lo hacemos, tal vez para que dejemos un pecado o que nos sujetemos, etc.

Ester 1:1-2 BTX Aconteció en los días del rey Asuero (El mismo Asuero que reinó desde la India hasta Etiopía sobre ciento veintisiete provincias), 2 cuando el rey Asuero ya se había sentado en el trono de su reino, que estaba en Susa, en la ciudadela,

El número 127, al sumar sus tres dígitos que lo componen da un total de 10, de nuevo. Dice que el rey Asuero se había sentado en el trono, eso nos habla de que en el hogar habrá rebelión si el rey Asuero no se ha sentado en su trono, es decir, si el Señor no se ha sentado en el trono del corazón y de nuestro hogar. Muchas veces el Señor no está sentado en el trono de nuestra vida porque hacemos lo que queremos y no precisamente lo que el Señor nos ha dicho.

Por ejemplo, en el caso de un soltero, a quien una cobertura le dice que la persona con la que está saliendo no le conviene, y este joven sigue en la misma actitud, esto es rebeldía, si no se obedece puede caerse hasta en una obsesión, pero Dios quiere que seamos obedientes. El Señor puede estar siempre diciéndonos que quitemos cosas de nuestra casa, que no veamos ciertos programas en la televisión, o que no recibamos ciertas visitas en casa, etc., pero a veces no somos obedientes. Debemos cambiar de actitud, pero para ello, el rey se debe sentar en el trono, es decir, Cristo se debe sentar en el trono de nuestro corazón.

Este es un llamado para que entendamos que no debemos jugar al evangelio, porque los tiempos son finales, y debemos cumplir con el llamamiento que Dios nos hizo de servirle, recordar de donde nos sacó y seguir sirviéndole con amor, porque si las cabezas del hogar no están en orden, menos lo estarán sus casas. No podemos esperar que si nosotros no nos sujetamos, los nuestros se sujeten a nosotros. La agenda del enemigo quiere que se promocione la rebelión, pero nosotros como hijos de Dios debemos corregir y disciplinar a nuestros hijos, cuando veamos algo incorrecto en ellos. Los hijos deben obedecer, esa es su función en casa; y los abuelos deben dar amor, pero también corrección a sus nietos.

Ester 1:3 BTX en el tercer año de su reinado, hizo un banquete para todos sus príncipes y siervos, teniendo en su presencia al ejército de Persia y de Media, a los nobles, y a las autoridades de las provincias.

En este versículo podemos ver cinco funciones de autoridades, esto significa que debemos estar sujetos a los cinco ministerios. Es una gran bendición contar con la cobertura de los ministerios, pero este versículo nos habla también de las funciones que todos los miembros del hogar debemos hacer, no es correcto que el padre deje de proveer, cuando puede hacerlo; que deje de corregir y aún castigar, cuando tiene que hacerlo, que deje de amar cuando puede hacerlo. Tampoco es correcto que la madre no cumpla sus funciones, como el instruir en casa y amar a su esposo e hijos de la forma que Dios quiere que los ame. La función de los hijos es obedecer a sus padres y honrarlos, dedicarse a estudiar, cuando así les corresponde, porque es parte de la obediencia. Solo cuando el Señor está sentado en el trono de nuestro corazón podremos hacer estas cosas, agradándole.

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