La pérdida de comunión

Raymundo Rodríguez.

Cuando hablamos de comunión, uno de los mejores ejemplos que podemos señalar es la relación que existe en un matrimonio, y es tan importante esta relación que el apóstol Pablo compara a Cristo y a la Iglesia precisamente con un matrimonio (Efesios 5:32). Por otro lado podríamos decir que gran parte de la felicidad de una persona va a depender de la relación que éste tenga con su conyugue y sus hijos, porque no basta con estar cerca de la familia, hay que sentirse cerca de ella.

Este es uno de los problemas que aqueja a la sociedad, pues gran parte de las personas que se vuelven adictas al trabajo es porque han encontrado refugio y han establecido una mejor relación con sus compañeros de trabajo, que con su familia. Vayamos un poco más profundo y preguntémonos ¿cómo está nuestra comunión con Dios? Su venida está a las puertas, lo cual no debe sorprendernos, mucho menos atemorizarnos a menos que nuestra comunión con Él este dañada y tengamos cuentas pendientes, y aun si ese fuera el caso tenemos una nueva oportunidad para ajustar esas cuentas hoy.

Ahora bien, con el paso del tiempo y por la misericordia de Dios, se han ido sumando cada vez más personas al evangelio lo cual ha traído consigo mucha inconformidad en la cual se debate y se tratar de categorizar a la iglesia dentro de grupos, rigiéndose por las costumbres que practican, dentro de estas categorías encontramos las siguientes denominaciones:

Iglesia Histórica Iglesia Tradicional Iglesia Postmoderna Iglesia en Tendencia Iglesia Postevangélica Iglesia Postreforma

Los debates y las discusiones sobre cómo llevar una vida cristiana no nos van a llevar a ninguna parte, debemos preguntarle a Dios y estar atentos a Su voz para obedecer cuando nos diga cómo quiere que vivamos, y una de las cosas Dios quiere de nosotros es humildad, para quitar todo descontento por la forma en que se manejan las cosas dentro de la iglesia.

Las nuevas discusiones giran en torno a temas como: bautismo en el nuevo cristianismo, redefinir la autoridad de la iglesia, el reino ahora, etc., pero no podemos perder el tiempo discutiendo estos temas, no podemos ajustar la iglesia a nuestro gusto, sino a la voluntad de Dios, por esa razón nos urge tener una conversación con Él, para que nos diga qué es lo que no le agrada de nosotros, pero será muy difícil hacerlo si no tenemos comunión con el Espíritu Santo, debemos empezar a entablar una relación genuina con Él, de otra forma podemos estar sirviendo, haciendo cada uno la obra del Señor pero sin estar cerca de Él.

Apocalipsis 21:9-10 (LBA) Y vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las últimas siete plagas, y habló conmigo, diciendo: Ven, te mostraré la novia, la esposa del Cordero. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios…

Somos la esposa del Cordero, y Él nos ve como una obra terminada, debemos tomar este capítulo y examinarnos a nosotros mismos para ver si al menos tenemos alguna de estas características que están aquí descritas. Si somos la esposa del Cordero, estamos dentro de un matrimonio, y uno de los problemas que ataca a los matrimonios con el paso del tiempo, es 

la costumbre y deberíamos identificar cuando esto nos sucede, cuando aún sin faltar a los servicios hemos perdido la comunión, y que a pesar de esto podemos lograr nuestras metas terrenales pero no seremos felices hasta recuperar la comunión con nuestro amado.

Ezequiel 20:7-8 (LBA) ‘Y les dije: “Arroje cada uno las cosas detestables que os atraen, y no os contaminéis con los ídolos de Egipto; yo soy el SEÑOR vuestro Dios.” Pero se rebelaron contra mí y no quisieron escucharme; no arrojaron las cosas detestables que les atraían, ni abandonaron los ídolos de Egipto. Entonces decidí derramar mi furor sobre ellos, para desahogar contra ellos mi ira en medio de la tierra de Egipto.

Esta era una orden de parte de Dios, el pueblo debía arrojar las cosas que son detestables delante Él, sin embargo vemos también un estado de rebelión, pues no lo hicieron, es decir que cuando una persona es rebelde, además de que culpa a los demás por lo que está sufriendo; aún no ha desechado lo que Dios le dijo que era detestable.

Veamos el recorrido del pueblo de Dios después de salir de Egipto hacia Canaán. 430 años en Egipto 40 años en el desierto Canaán

Podemos ver que al menos tres generaciones salieron de Egipto y los cuarenta años que pasaron en el desierto no fueron suficientes para quitar de ellos las cosas detestables que sacaron de Egipto y a pesar de eso Dios los siguió amando. De la misma forma, Dios no se ha olvidado de nosotros ni dejara de bendecirnos, aun cuando nuestro corazón no haya botado todo lo que tenemos de Egipto, pero no quiere decir que esto será siempre así porque Dios es un Dios justo, nuestro juicio tardará cuanto tengamos de vida.

La iglesia primitiva se dedicaba a cuatro cosas, (Hechos 2:42) pero la iglesia moderna se dedica a las transacciones, es decir que debate y pone en cuestión estos fundamentos, y ha caído en el error de llamarle bueno a lo malo, no podemos negociar con Dios y tratar de convencernos a nosotros mismos buscando excusas para pecar, debemos ser radicales y saber qué es lo que le agrada a Dios y qué no, no podemos llegar a la iglesia a buscar nuestra conveniencia, como templo de Dios debemos buscar la santidad y en el templo de Dios no hay cosas sucias ni ídolos abominables.

Debemos anhelar una comunión íntima con Dios, pero no podemos tener intimidad si primero no tenemos comunión, la intimidad va más allá de la comunión, al igual que en un matrimonio es algo que es de dos persona, el esposo y la esposa, a nadie más le debe importar pero es lo que los mantendrá enamorados y fuertemente unidos, de igual forma la intimidad con Dios nos da seguridad y esperanza aun sabiendo que si morimos para Él morimos, en caso contrario, la falta de intimidad con Dios nos puede llegar a hacer sentir solos e inseguros.

Ezequiel 16:1 (LBA) Entonces vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo: Hijo de hombre, haz saber a Jerusalén sus abominaciones,

La comunión nos lleva a la intimidad pero la falta de comunión con Dios nos llevará a tener comunión con otras cosas y si tenemos comunión con otras cosas, también tendremos intimidad con otras cosas y si tenemos intimidad con otras cosas que no provienen de Dios, estaremos cayendo en prostitución. Somos tan susceptibles a contaminarnos, a tratar de llenar con otras cosas el lugar que solo le corresponde a Dios.

Todos sabemos de dónde nos ha rescatado el Señor y no podemos volvernos a los mismos caminos, de lo contrario caeríamos en el error del pueblo de Israel que tuvo seis tipos de prostitución, las cuales están descritas en el libro de Ezequiel, necesitamos tener intimidad con Dios, pero no solamente en la iglesia, no perdamos nuestra comunión con Dios; en donde quiera que estemos que podamos llevar la presencia de Dios con nosotros y así avanzar en nuestra relación con El para tener expectativas de las cosas nuevas que hará, porque el Señor dijo que cosas mayores íbamos a hacer pero no lo alcanzaremos si no tenemos comunión e intimidad con Él.

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