El fruto del reposo

Anciano Sergio Castillo

Una de las preguntas que pueden surgir al leer Génesis 2:2 es: ¿Por qué Dios reposó? Si Su palabra dice que El no se fatiga ni se cansa (Isaías 40:28) y que tampoco duerme el que guarda a Israel (Salmo 121:4). La repuestas la encontramos en el mismo libro de Génesis en el capítulo 1:31 que nos muestra que si Dios reposo fue para deleitarse en lo que había creado, porque todo lo que había hecho era bueno en gran manera.

En la creación descrita en Génesis 1 vemos como todas las cosas fueron hechas por la palabra del Señor, lo que nos confirma el poderío de nuestro Dios pues una sola de sus palabras es suficiente para ordenar en un instante cualquier tipo de caos, sin embargo el Señor también puede trabajar de forma lenta, a través de procesos en nuestra vida. Cuando nos encontramos en medio de estos procesos podemos desesperarnos y pensar que la prueba no tendrá fin, sin embargo debemos aferrarnos a la promesa de que El que empezó la buena obra en nosotros de cierto la terminará, pues a pesar que nos veamos imperfectos Él ya nos ve perfectos y llegará el día en que el Señor vea nuestra vida y diga que todo lo que hizo fue bueno en gran manera.

Ahora bien, uno de los procesos más largos a los que se puede asemejar nuestra vida es el proceso de la siembra. Para explicarlo escudriñaremos la parábola descrita en Marcos 4:26-29 en donde encontramos a tres protagonistas; el sembrador, la semilla y la tierra. El sembrador es el Padre, la semilla es el Hijo y nosotros somos la tierra; entonces cuando la semilla es puesta en la tierra el sembrador reposa, pues Mateo 4:27 dice que se acuesta y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece; cómo, él no lo sabe. Esto nos enseña que es necesario sembrar de día y de noche, pero también es necesario acostarnos y levantarnos, es decir, reposar, no podemos permitir que la ansiedad llegue a nuestra vida, esperando ver el fruto de lo que hemos sembrado. Es necesario reposar porque es Dios quien dará el fruto a su tiempo.

La semilla es el verbo de Dios, (Juan 1:1) es decir que la semilla es perfecta, por lo que no puede fallar, además tiene promesa de llevar mucho fruto por cuanto cayó a tierra y murió (Juan 12:24). Por otra parte la tierra está diseñada para producir fruto por sí misma, (Marcos 4:28) es decir que es una tierra fértil. Estamos diseñados para que al recibir la semilla podamos producir el fruto espontáneamente pues nuestra naturaleza es dar fruto de esa preciosa semilla. Entonces si la semilla es perfecta y la tierra es fértil ¿Qué es lo que impide que demos fruto? Sino los pedregales y espinos que se encuentran en nuestra tierra (Lucas 8:11-15), y es por esa razón debemos ocuparnos de limpiarla y prepararla para recibir la preciosa semilla.

Marcos 4:29 (LBA) Y cuando el fruto lo permite, él enseguida mete la hoz, porque ha llegado el tiempo de la siega.

Este versículo nos muestra que vamos a ser cosechados, cuando nosotros mismos permitamos que la obra de Dios se haga en nuestra vida.

Cantares 4:16 (LBA) Despierta, viento del norte, y ven, viento del sur; haced que mi huerto exhale fragancia, que se esparzan sus aromas. Entre mi amado en su huerto y coma sus mejores frutas.

Este es el producto final, pues llegará el día en que nuestro fruto será agradable a Su paladar, pero antes de esto hay un proceso que debe sufrir la semilla y que esta descrito en el siguiente versículo.

HIERBA
Marcos 4:28 (LBA) La tierra produce fruto por sí misma; primero la hoja, luego la espiga, y después el grano maduro en la espiga.

Lo primero que producirá la tierra será la hoja, que en el griego se traduce como hierba, pasto, heno (G5528). La primera parte del proceso es una hierba sencilla, pequeña, la cual se puede confundir con la cizaña (Mateo 13:26) quiere decir que, en el inicio de nuestro proceso, aún tendremos algunas actitudes de cizaña y podemos seguirnos pareciendo a lo que éramos antes, sin embrago ya hay algo en lo que hemos evolucionado, ya no somos iguales, somos producto de la preciosa semilla.

1 Corintios 3:12 (LBA) Ahora bien, si sobre este fundamento alguno edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja,

Este versículo nos enseña que debemos cuidar el heno, pues este sirve como fundamento en donde nos corresponde edificar. Es importante notar que siendo heno aun no tiempo de dar fruto pero la buena obra ya empezó en nuestra vida.

ESPIGA
Se puede traducir como: estando parada fuera del tallo (G4719), es decir que ya no es la hierba pequeña que se confunde con la cizaña ya se distingue y se identifica como una espiga.

Mateo 12:1 (LBA) Por aquel tiempo Jesús pasó por entre los sembrados en el día de reposo; sus discípulos tuvieron hambre, y empezaron a arrancar espigas y a comer.

Estas espigas ya se pueden arrancar para sustentar a los discípulos, es decir que ya tiene la capacidad de sustentar a sus hermanos, tal como lo describe Isaías 50:4 El Señor DIOS me ha dado lengua de discípulo, para que yo sepa sostener con una palabra al fatigado. Mañana tras mañana me despierta, despierta mi oído para escuchar como los discípulos. Ahora ya puede sostener con una palabra al fatigado, es una espiga erguida, a quien le despiertan el oído mañana tras mañana para que cuando los discípulos estén necesitados tenga con que sustentarlos.

GRANO MADURO
Esto se refiere específicamente al grano de trigo, específicamente al grano maduro (G4134) se traduce como; maduro, repleto, cubierto por encima, lo que nos habla que reconocer autoridad. Pero ahora veamos cuál es el trato con el grano maduro, el cual es casi el producto terminado:

Lucas 22:31 (LBA) Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos.

Este grano ya soporta ser zarandeado, por cuanto está cubierto, esta abundado esta pleno, soporta la prueba, porque si es zarandado cuando es hierba o cuando es espiga seguramente moriría. Es impresionante saber que cuando somos grano maduro el Señor ruega por nosotros y podemos tener la certeza que el Padre lo escucha y que vamos a pasar la prueba, vamos a ser levantados y el Señor nos sostiene porque somos un grano lleno.

Puede ser que el enemigo nos reclame para ser zarandeados, tal como lo hizo con Job, pues estamos en un proceso pero restiremos la batalla porque estamos cubiertos, y porque el Señor está rogando para que nuestra fe no falle y, aunque a veces sintamos que no vamos a salir de esa prueba, siempre habrá un grano maduro que nos diga “yo ya salí y vas a salir tú también”. Es una bendición tener a alguien que nos fortalezca en medio de las dificultades, pero es una bendición mayor cuando nosotros somos quienes fortalecemos a otros. Si el Señor nos lleva al desierto es porque allí vamos a prestar más atención a Su voz, pues cuando estamos en nuestra comodidad se nos dificulta hacerlo, pero el propósito de Dios es que cuando hayamos regresado fortalezcamos a nuestros hermanos, sin jactarnos, pues toda la honra le pertenece al Señor, porque si hemos regresado de la batalla es porque Dios nos ha sostenido. Entonces es tiempo de preguntarnos ¿cómo vamos en el proceso? ¿seremos la pequeña hierva que se confunde con la cizaña o somos la espina erguida que sostiene a los discípulos?

FRUTO
Fruto (G2590) se traduce fruto como arrancado, resultar en beneficio, descendencia. Esta palabra nos habla de un fruto listo para ser arrancado (Marcos 4:29). Es decir que el fin del proceso no es quedarnos como la pequeña hierba que se confunde con la cizaña, tampoco quedarnos como esa espiga que sostiene a los discípulos, ni ser un grano maduro que soporta la zaranda, el propósito es llegar a ser ese fruto que el amado lleve a su boca y pueda deleitarse en nosotros, para que podamos decir; Venga mi amado a su huerto, y coma de su dulce fruto.

 
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