El ADN familiar

Apóstol Juan Castillo

La Santa Cena es un regalo extraordinario que Dios nos dio, tanto que debemos pedirle al Señor que nos revele las múltiples bendiciones que representa para nuestra vida. Por ejemplo, lo que dice el Salmo 23, pues dice que antes de llegar a la mesa debemos pasar por el valle de sombra y de muerte, y también nos persiguen los angustiadores, pero delante de ellos, Dios nos unge con aceite para que los angustiadores no nos depriman o estresen, y saldremos con la copa rebozando.

Estamos en una recta final, donde Dios está haciendo cosas extraordinarias con nosotros, pero también nos demanda responsabilidad; de la misma forma la Santa Cena es una bendición extraordinaria y una gran responsabilidad.

Sabemos que mientras estuvimos en el mundo, el enemigo trabajó en nuestros corazones introduciendo códigos que no eran de Dios, por ello el Señor derramó Su sangre para poder anular todos los códigos malignos introducidos en nuestros corazones. La sangre de Jesucristo es el nivel más alto de autoridad, después es la unción. Por ello fue que al salir de Egipto, Dios le mandó a Su pueblo que pusieran sangre en los dinteles de las casas para que el destructor no hiciera nada en las casas de Su pueblo porque allí estaba el nivel máximo de autoridad. Por ello es necesario que la sangre sea rociada en nuestra casa para que el destructor no tenga nada que hacer allí.

1 Pedro 1:18-19 LBLA …sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata, 19 sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo.

La palabra preciosa nos indica que es de alto precio, por ello debemos venir preparados a la mesa del Señor, debemos examinar nuestro corazón para determinar si hay áreas que tenemos en el corazón que fueron heredadas de nuestros antepasados.

Una de las funciones del Espíritu Santo es darnos revelación, no solo de la palabra sino también de los pecados que nos son ocultos, aquellos que no han subido aún a nuestra mente, para poder romper con ello, tal como lo dijo el salmista “Librame de mis pecados ocultos”.

Nehemías inició con la restauración de los muros, y lo primero que hizo fue orar y pedir perdón por los pecados que habían cometido los padres del pueblo, pues desconocía qué habia pasado con sus ancestros. De igual manera debemos orar para pedirle al Señor revelación de aquellas cosas que nuestros ancestros hicieron y que podrían afectarnos a nosotros y a nuestros hijos.

Éxodo 20:5-6 LBLA No los adorarás ni los servirás; porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6 y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

Israel fue detrás de los ídolos y pecaron contra el Señor, por ello Dios le dijo a Jeremías que dejara de pedir e interceder por el pueblo de Israel, pues no lo escucharía, ya que habían pecado contra Él, los hombres encendiendo fuego extraño, las mujeres haciendo tortas y los hijos trayendo la leña, no hicieron lo recto delante del Señor. Los hombres eran las cabezas espirituales, las mujeres debían enseñar a sus hijos, pero hacían lo malo delante del Señor. Pero nosotros ahora amamos al Señor y por ello tratamos de revisar nuestro corazón, guardando sus mandamientos y por ello tiene misericordia de nosotros.

Deuteronomio 29:29 LBLA 29 Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios, mas las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley.

Lo secreto le pertenece a Dios, pero lo revelado le pertenece a nosotros sus hijos, es decir, a su familia. Entonces examinaremos cómo ocurre esto, tomando como ejemplo personajes bíblicos, luego examinaremos también nuestra propia información y de esa manera descubriremos una respuesta de muchas cosas que suceden en nuestra vida, y para finalizar examinaremos la forma de cómo Dios elimina la vieja genética y nos hace entrar y permanecer en la genética de Cristo.

Génesis 12:1 LBLA Y el SEÑOR dijo a Abram: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré.

La historia inicia con Abram, nosotros al igual que este hombre de Dios, podemos recibir las siete bendiciones que él recibió, descritas en los siguientes versículos, pero si no cumplimos con estos tres votos; de la tierra, de la parentela, de la casa de sus padres; no se puede recibir estas bendiciones. Para nosotros es una figura que nos indica que debemos romper con las tradiciones generacionales de la familia que no le agradan al Señor, por medio de la sangre de Cristo.

Génesis 12:2-3 LBLA Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.

Estas son las siete bendiciones, pero debemos cumplir con los tres votos, pero estos no significan que debemos dejar de ver a la familia, sino que debemos cortar con las herencias ancestrales y las tradiciones.

Génesis 12:4 LBLA Entonces Abram se fue tal como el SEÑOR le había dicho; y Lot fue con él. Y Abram tenía setenta y cinco años cuando partió de Harán.

Lot se fue con Abram porque su padre era Harán y éste era arquitecto, quería ver quién era el arquitecto de la ciudad no hecha de manos que le habían prometido a Abram. La historia del misterio del cambio de la genética ungida, comienza con un hombre que por su fe, fue escogido por Dios para bendecir a las naciones, pero nosotros bendeciremos a nuestras futuras generaciones. Por eso no debemos vivir en el evangelio de Marta, con la esperanza de la resurrección en el día postrero; con Lázaro el Señor dejó que se manifestara el olor de la descomposición para hacer un milagro. A nosotros también nos permite que se manifiesten los olores de descomposición, las cosas feas y malas que tenemos para que pueda hacernos libres de ellas.

Abraham fue llamado el padre de los hijos de la fe, de manera que también el Señor Jesucristo aparece en la genealogía de él, la cual aparece en Mateo. Pero Abraham tiene un encuentro con Melquisedec, quien le ministra pan y vino; la santa cena para poder bendecirlo y romper con la vana manera de vivir heredada de sus padres.

Hay dos razones muy poderosas para que Abraham fuera muy bendecido, la primera fue que rehusó estar asociado con la brujería, la idolatría y la astrología de sus días, recordemos que Babilonia fue la matriz de la brujería y las religiones. La segunda razón es que tuvo la oportunidad de ver algo y reaccionó de manera correcta y esto lo ubicó en un nivel de fe extraordinario. Lo que vio tenía que ver con Cristo y esto lo hizo ser el receptor de grandes bendiciones. Por eso, el Señor Jesucristo le dijo a los fariseos que Abraham había visto Su día. Vio la muerte del Salvador e incluso fue al monte donde iba a morir Jesús.

Veamos ahora las genealogías:

Génesis 11:27 LBLA Estas son las generaciones de Taré: Taré engendró a Abram, a Nacor y a Harán; y Harán engendró a Lot.

Harán era un arquitecto que fundaba ciudades. Nacor era un médium, espiritista, que daba amuletos a todos, lo cual conduce a la idolatría, fue el padre de Labán que tenía ídolos en su casa, los cuales le llevó Raquel, y ella murió antes de llegar a Belén. Esto nos dice que si no se saca de nuestra vida la idolatría, podemos morir antes de llegar a la tierra prometida.

La idolatría tiene que ver mucho con la impureza, hace impura a la persona. Raquel tenía muchos conflictos en su alma, iba a dar a luz y entonces le pone de nombre “hijo de mi tristeza”, Benoni, es por ello que la bendición de los padres es importantísima, pues el padre del niño, le cambió el nombre, no permitió que ella le trasladara el dolor a su hijo, le puso por nombre Benjamín.

Muchos de nosotros hemos venido al Señor con maldiciones fuertes, pero el Señor nos ha traído bendición por medio de Su hijo.

Abram mientras su nombre fue padre enaltecido, no tuvo bendición, pero le cambiaron el nombre y fue elevado a una dimensión diferente, le pusieron Abraham, que significa padre de multitudes. Creían en un Dios creador de las cosas y no estaba dispuesto a creer en el politeísmo de sus padres. Se dedicó en su vida a la inversión, intercambiaba mercadería, era muy rico en ganado, plata y oro, era una especie de accionista de oro y plata. Era muy bendecido, muy próspero, porque rompió y cortó con las maldiciones como la pobreza, no solo en dinero, sino en relaciones.

Las personas que tienen problemas para relacionarse, tampoco tendrán buena relación en su casa con la esposa e hijos.

La pobreza no solo es en dinero, sino en otras cosas, pero el Señor Jesucristo se hizo pobre para que nosotros no pasáramos por la pobreza.

Génesis 13:2 LBLA Y Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro.

Abraham fue un hombre al cual Dios le multiplicó la prosperidad y habilidad que tenía. Abraham le obedeció a Dios, rompió con la vana manera de vivir y entonces Dios lo bendijo.

Juan 8:56 LBLA Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró.

¿Qué fue lo que vio Abraham? Vio el lugar donde moriría Jesús, la crucifixión del Señor y la resurrección, en su propio hijo. Abraham le dijo a sus siervos que se quedaran al pie del monte, y también con ellos el asno, por lo cual un verdadero adorador cumple el propósito de Dios y no permite la necedad en su corazón. Isaac vio los elementos del sacrificio, el fuego que llevaba su padre, la leña que llevaba él mismo, que era figura de la crucifixión, pero no veía el cordero, cuando preguntó, Abraham le dijo que el Señor se proveería Él mismo del cordero, por ello le dijo también que subirían, adorarían y regresarían, en esto entonces vemos la resurrección, pues tuvo la fe de que su hijo regresaría con él.

Génesis 22:2 LBLA Y Dios dijo: Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

Abraham obedeció y dio, porque rompió con la vana manera de vivir y porque tuvo revelación.