La evolución del profeta

Apóstol Haroldo Herrera

Hemos sido enseñados que como cristianos debemos evolucionar de creyentes a oyentes, luego a discípulos, siervos hasta llegar a ser amigos, sabiendo que a Sus amigos Dios les muestra sus secretos (Juan 15:15) por lo tanto necesitamos evolucionar para recibir revelación. La evolución se define como la acción y efecto de cambiar o transformar una persona, una sociedad o un grupo humano a través de diversas etapas o estadios. Hoy nos enfocaremos en la evolución de Eliseo como profeta.

2 Reyes 2:1 (RV 1960) Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal.

Gilgal era un lugar al lado oriental de Jericó, donde por primera vez los israelitas acamparon dentro de Canaán tras pasar el Jordán. Josué erigió en Gilgal las doce piedras que habían traído del Jordán y allí fueron circuncidados los varones que habían nacido en el desierto, lo cual significaba que allí les era quitado el oprobio de Egipto de sobre los israelitas; también celebraron la pascua y comieron del fruto de la tierra, todo esto para recibir el reposo de la tierra prometida. Gilgal significa entonces un cambio de dimensión.

2 Reyes 2:2 (RV 1960) Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el.

Elías probo a Eliseo para ver si lo dejaba y puede ser que nosotros también seamos probados por nuestra autoridad, pero esto es parte de pelear nuestra bendición. Eliseo no abandonó a su cobertura. Bethel significa luz, casa de Dios, y la luz es figura de la revelación, por lo tanto podemos decir que Eliseo fue a Bethel a recibir la escuela de la revelación, que encontraremos solo orando y escudriñando las escrituras (Hechos 6:4). El profeta debe estar cargado de palabra para que al hablar tome de esos depósitos y no hable de su propio corazón. Dios nos capacita y prepara para ejercer el ministerio profético pero para esto necesitamos reconocer a alguien que nos enseñe, que nos muestre el camino.

2 Reyes 2:3 (RV 1960) Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Bet-el, le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad.

Eliseo sabía que su maestro sería arrebatado. Nosotros también hemos recibido la revelación del arrebatamiento, por lo cual debemos permanecer en ella y seguirla esperando.

2 Reyes 2:4 (RV 1960) Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó.

Esta fue otra prueba para Eliseo, pero como en la anterior salió aprobado. Dios permite pruebas en nuestra vida para que salgamos aprobados. Eliseo se fue con su maestro a Jericó; pero para entrar a Jericó necesitamos estar circuncidados, esta era llamada la ciudad de la luna, una ciudad amurallada, conquistada con estrategias divinas. En ocasiones tendremos que enfrentar ciudades amuralladas, pero si peleamos con estrategias divinas y no humanas el Señor nos dará la victoria. Israel no uso lanzas para pelear, utilizó la obediencia y la alabanza para derrotar a sus enemigos.

Ellos marcharon dirigidos por Josué por lo tanto nosotros también debemos pelear dejando que nuestra cobertura nos guie.

2 Reyes 2:5 (RV 1960) Y se acercaron a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Jericó, y le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? El respondió: Sí, yo lo sé; callad.

También en Jericó había una escuela de profetas, donde Eliseo recibiría su tercera prueba.

2 Reyes 2:6-7 (RV 1960) Y Elías le dijo: Te ruego que te quedes aquí, porque Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron, pues, ambos. [7] Y vinieron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y se pararon delante a lo lejos; y ellos dos se pararon junto al Jordán.

El Jordán nos habla de humillación, de bajar al punto más bajo y de entrar al rio del Espíritu en todas sus facetas. Cristo espero entrar al Jordán para comenzar su ministerio pues allí se daría la habilitación del Padre que daría testimonio de Él, reposando el Espíritu Santo sobre su vida. Cristo salió del Jordán y fue conducido al desierto para ser probado. Eliseo recibió la bendición de primogénito, la doble porción, que a nosotros también se nos ha sido concedida pues formamos parte de la congregación de primogénitos (Hebreos 12:23).

2 Reyes 2:8 (RV 1960) Tomando entonces Elías su manto, lo dobló, y golpeó las aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos por lo seco.

Es necesario que recibamos la impartición de parte de los cinco ministerios para ver lo sobrenatural de Dios. Las aguas se abrieron para dejarlos pasar y de la misma forma la unción profética abrirá caminos para nosotros.

2 Reyes 2:9-10 (RV 1960) Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí. [10] El le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no.

Eliseo pidió lo mejor, por lo tanto debemos pensar qué bendición pediremos del Señor por medio de nuestra autoridad, no olvidando debemos pedir lo espiritual antes que lo terrenal.

2 Reyes 2:11-12 (RV 1960) Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino. [12] Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes.

Elías fue arrebatado en presencia de Eliseo, pero recibió la recompensa por haber soportado la prueba.

2 Reyes 2:15 (RV 1960) Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él.

Si evolucionamos en lo profético como lo hizo Eliseo, llegará el punto en que otros reconocerán la unción que mora en nosotros.