Sanando al Pastor

Apóstol Sergio Enríquez.

Es necesario comprender que en el ministerio que el Señor nos ha encomendado desempeñar, no solo tendremos que sanar a las ovejas, sino también nos enfrentaremos a situaciones que nos herirán, de lo cual es necesario que seamos sanados.

Mateo 26:31 (LBLA) Entonces Jesús les dijo: Esta noche todos vosotros os apartaréis por causa de mí, pues escrito está: “HERIRE AL PASTOR, Y LAS OVEJAS DEL REBAÑO SE DISPERSARAN.”

El tiempo en que hirieron al pastor Jesucristo fue cuando estaba terminado su ministerio y de esa forma se manifestó quiénes estaban con Él y quiénes no. Las heridas en el pastor son necesarias pero si no tenemos una capacidad de cicatrización rápida, las ovejas serán dispersas, pues es probable que en lugar de predicar de la palabra, nos dediquemos a defendernos, por lo que debemos actuar como Job, que estando enfermo oró por la sanidad de sus amigos que también se encontraban en esa situación y así fue sano. Si seremos heridos, es necesario analizar ¿quién es el que hiere?

Job 5:18 (LBLA) Porque El inflige dolor, y da alivio; El hiere, y sus manos también sanan.

Sabemos que la mano del Señor está representada en los cinco ministerios, es decir que una de nuestras funciones es sanar con abundancia de palabra, fluyendo en función de la necesidad del pueblo y no de la nuestra para poder sanarlo. Sin embargo para poder fluir en esta unción es necesario tener un genuino llamado de parte del Señor, observando las señales que, según las escrituras, cada ministerio debe manifestar para ser reconocido y sin menospreciar ninguno de los ministerios, pues forman parte de la mano sanadora de Dios.

Deuteronomio 32:39 (LBLA) “Ved ahora que yo, yo soy el Señor, y fuera de mí no hay dios. Yo hago morir y hago vivir. Yo hiero y yo sano, y no hay quien pueda librar de mi mano.

Si somos heridos no podemos pensar que esto sucede fuera de la voluntad de Dios, ya que todo está bajo su control pero debemos buscar el origen de nuestra herida, que puede ser nuestro propio orgullo y las heridas Dios las utilice para enseñarnos humildad.

Propósito de las heridas:
Proverbios 27:6 (LBLA) Fieles son las heridas del amigo, pero engañosos los besos del

enemigo.

Al analizar el verso anterior observamos que es mejor una reprensión franca que el amor encubierto, es decir que la herida puede ser causada por un amigo que nos reprende y nos llama a la reflexión por algo que estamos haciendo mal, al cual debemos recibir sabiendo que Dios manifiesta su misericordia enviando a alguien que nos ama para llamarnos la atención y no a alguien que nos odia, pues nuestros enemigos nos reprenderían sin piedad.

Salmos 141:5 (LBLA) Que el justo me hiera con bondad y me reprenda; es aceite sobre la cabeza; no lo rechace mi cabeza, pues todavía mi oración es contra sus obras malas.

El salmista manifiesta su deseo de no rechazar la herida hecha por el justo; es necesario que si un justo nos reprende por alguna actitud que ha visto en nosotros, no lo rechacemos por orgullo, pues aunque en ese momento duela, luego vendrá la sanidad.

Proverbios 20:30 (LBLA) Los azotes que hieren limpian del mal, y los golpes llegan a lo más profundo del cuerpo.

Cuando no queremos oír ni al amigo ni al justo, vienen los azotes pero estos tienen la capacidad de limpiarnos del mal. Es necesario que los recibamos, pero también que aprendamos cuando observamos que otros son azotados para no pasar por lo mismo.

Deuteronomio 28:28 (LBLA) Te herirá el SEÑOR con locura, con ceguera y con turbación de corazón;

Si no entendemos con las heridas anteriores tendremos que enfrentarnos a la herida de la locura, donde ya se pierden cosas.

Números 12:11 (RV 1909) Y dijo Aarón á Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros pecado; porque locamente lo hemos hecho, y hemos pecado.

Esta herida de locura le fue provocada a Aarón y Miriam por atentar contra la autoridad de Moisés, murmurando en su contra y trajo como consecuencia otras heridas, pues Miriam fue herida con lepra y Aarón fue desnudado en público. Es necesario que analicemos si no hemos sido heridos con la locura de murmurar en contra de nuestra autoridad, pero también debemos entender que si alguien se levanta en contra nuestra, no podemos ufanarnos en que Dios castiga a quienes se ponen contra nosotros, sino actuar como Moisés que rogó a Dios por la sanidad de su hermana, como vemos en el siguiente verso:

Números 12:13 (RV 1909) Entonces Moisés clamó á Jehová, diciendo: Ruégote, oh Dios, que la sanes ahora.

1 Samuel 13:13 (RV 1960) Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre.

Este tipo de locura trajo como consecuencia que Saúl perdiera el reino y fue causada porque actuó porque pensaba que el pueblo se iba a ir. Cuando hacemos algo solo para que la gente no se vaya de la iglesia utilizando estrategias humanas, estamos actuando locamente. Necesitamos 

entender que si sembramos y regamos Dios dará el crecimiento en nuestra congregación a su tiempo.

1 Samuel 26:21 (VM2) A lo cual respondió Saúl: ¡Yo he pecado! Vuelve, hijo mío, David; que ya no más te haré mal; por lo mismo que fue preciosa mi vida en tus ojos hoy. He aquí que yo he obrado locamente y he errado muy gravemente.

Una forma de locura es tratar de matar por envidia a aquellos que se están levantando en nuestras congregaciones, pues si somos fértiles tendremos abundancia de hijos como David y sería una locura matar a nuestra propia simiente.

1 Crónicas 21:8 (RV 1909) Y dijo David á Dios: He pecado gravemente en hacer esto: ruégote que hagas pasar la iniquidad de tu siervo, porque yo he hecho muy locamente.

Este verso se refiere al momento cuando David hizo un censo, pues lo que quería era medir su fuerza.

2 Crónicas 16:9 (RV 1909) Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para corroborar á los que tienen corazón perfecto para con él. Locamente has hecho en esto; porque de aquí adelante habrá guerra contra ti.

Quien actuó locamente en este verso fue Asa porque se unió con quien no tenía que hacerlo, lo que nos habla del ecumenismo, al cual nos enfrentaremos con mayor fuerza en este tiempo final pues podremos ser catalogados como radicales e intolerantes al no aceptarlo. Otro error que Asa cometió fue que cuando el profeta vino a declararle lo que había hecho, se enojo con él y lo metió a la cárcel, así que podemos afirmar que también es una locura rechazar el ministerio profético.

Jeremías 50:38 (LBLA) Sequía sobre sus aguas, y se secarán; porque es una tierra de ídolos, y se vuelven locos por sus horribles ídolos.

La idolatría es una forma de locura.

Hechos 26:11 (LBLA) Y castigándolos con frecuencia en todas las sinagogas, procuraba obligarlos a blasfemar; y locamente enfurecido contra ellos, seguía persiguiéndolos aun hasta en las ciudades extranjeras.

El enojo desmedido también es una forma de locura de la cual debemos ser sanados. Necesitamos ser sanados de todo tipo de herida que pudiéramos haber sufrido, pues no podemos estar viviendo y ministrando el rebaño que el Señor nos dio, de esa forma, sabiendo que Dios dejó los cinco ministerios para hacer una obra sanadora en nuestros corazones.

Publicado en Apóstol Sergio Enríquez.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *