Los adictos

Apóstol Sergio Enríquez.

No podemos ignorar que somos seres trinos conformados por espíritu, alma y cuerpo, los cuales se encuentran ligados ente sí, por lo que cualquier situación que esté afectando a nuestro cuerpo puede permear y llegar a afectar nuestra alma y en algunos casos hasta nuestro espíritu. Por ejemplo, en lo físico, el uso de algún fármaco puede causar efectos secundarios a nivel hormonal, lo cual a su vez afectará el estado anímico de una persona en un cambio de humor repentino, por otra parte y en un sentido positivo, también se ha comprobado que el ejercicio corporal produce endorfina en nuestro cuerpo, que es la hormona que nos da una sensación de bienestar.

 

Ahora bien, si muchas veces nos es difícil comprender el funcionamiento de nuestro cuerpo que es la parte tangible de nuestro ser, cuánto más nos será comprender el alma y el espíritu, que no podemos ver ni palpar; por esa razón debemos pedirle al Señor que nos revele, a la luz de la palabra, qué situaciones pueden afectar nuestro cuerpo a tal punto de llegar hasta nuestro espíritu y viceversa del espíritu hasta somatizarse en nuestro cuerpo.  

 

Un claro ejemplo de cómo las situaciones externas pueden llegar a afectar el interno es el de Marta, pues el Señor la confrontó por estar enojada y le dijo que la razón por la que se encontraba así era por sus muchas ocupaciones (Lucas 10:41). Así mismo vemos que el ser infiel en el cuerpo a la mujer de la juventud  contamina el espíritu (Malaquías 2:15).  Por otra parte la condición del espíritu también puede afectar al cuerpo, notemos como Ana expresa que su espíritu estaba en angustia, su alma en amargura y por consiguiente su cuerpo era estéril. (1 Samuel 1:15).

 

Entonces existen dos elementos que están vinculados de forma similar; el cerebro y la mente, el primero es un órgano que queda sin utilidad al momento de la muerte, pero la mente sigue su función, pues vemos como el cerebro del rico quedo en la tumba, pero su mente seguía pensando después de muerto (Lucas 16:24), esto nos muestra que la mente tiene un acceso al alma, de ahí la importancia por la que el Señor Jesús la incluyó en el mandamiento mayor diciendo; amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,  y con toda tu alma,  y con toda tu mente y con todas tus fuerzas (Marcos 12:30) ya que en Deuteronomio 6:5 no se encontraba.

 

Comprendido lo anterior, veremos cómo el consumo de algunas sustancias químicas como drogas, pueden enviar estímulos en el centro neurobiológico de nuestro cuerpo, creando así un tipo de satisfacción a las cuales se puede crear una dependencia, en la que cada vez se debe aumentar la dosis para obtener alivio, esta dependencia es más fuerte que una costumbre, un hábito o un vicio, por lo que a las personas con este tipo de problemas se le llama adicto.

 

La palabra adicto viene del latín ADDICTUS, que se refería a un deudor insolvente que, por falta de pago, era entregado como esclavo de su acreedor. Notemos que originalmente no se le llamaba deudor, sino adicto. Si lo trasladamos al ámbito espiritual debemos saber que nuestra deuda ya fue pagada con precio de sangre, por lo que no tenemos que volvernos a hacer esclavos de ningún acreedor, sin embargo en la biblia encontramos el caso de un siervo que era un adicto, pues tenía grandes deudas, lo cual le daba derecho a su acreedor a tomar posesión de sus hijos (2 Reyes 4:1), esto no solo nos habla de deudas morales o espirituales, sino también de deudas físicas como lo son las deudas con tarjetas de crédito.

 

Se dice que una adicción es una enfermedad crónica del cerebro, (no de la mente) que se caracteriza por la búsqueda patológica de la recompensa y/o alivio a través del uso de una sustancia o bien de una conducta. Quiere decir que existen ciertas conductas que pueden llegar a cumplir la misma función en nuestro centro neurobiológico que una sustancia adictiva, pues la neurociencia considera que la adicción a sustancias y comportamientos, comparten las mismas bases neurobiológicas.

 

Esto comprueba que, además del consumo de sustancias psicoactivas, existen adicciones a procesos como: la adicción al sexo, al juego, a la pornografía, a la televisión, al deporte, a las nuevas tecnologías, al teléfono, celular al internet, etc.; estos son parte de los nuevos vicios que están afectando a toda la humanidad.

 

En el entendido que hay conductas que se vuelven adicciones podemos mencionar una lista de acciones del lado de las tinieblas a las que una persona se puede volver adicta espiritualmente, como consecuencia de una práctica constante.

 

  • Doctrinas falsas (Apocalipsis 2:14 BPD)
  • A las impiedades (Judas 1:18 ECR)
  • Al robo (Tito 2:10 ECR)
  • Al vino (Tito 1:7 BTX)
  • A la lascivia (2 Timoteo 3:3 RNV)
  • A la plata (2 Timoteo 3:2 ECR)
  • Al discurso profano (2 Timoteo 2:16 VMP)
  • A la hechicería (Hechos 8:10 VMP)
  • A la idolatría (Óseas 4:17 VIN)

 

Todas estas conductas causan adicción espiritual, llegando a contaminar el centro neurológico del cuerpo y lo trasladan a la mente y por consiguiente al alma.  

 

LA VACUNA

 

2 Crónicas 15:2 (FTA) fue a encontrar a Asá, y le dijo: Escuchadme tú, oh Asá, y pueblos todos de Judá y de Benjamín: El Señor ha estado con vosotros en la batalla, porque vosotros habéis permanecido adictos a él. Si vosotros lo buscareis, lo hallaréis; mas si lo abandonareis, os abandonará.

 

Puede ser que en nuestra vieja naturaleza hayamos entregado todos nuestros miembros a la iniquidad, pero cuando nos encontramos con Dios, nos convertimos en adictos a Su presencia, pues vivir el evangelio nos da experiencias sobrenaturales y personales, lo cual nos hace adictos a buscarlo y esto no deja espacio para ninguna de las demás adicciones.

 

En lo literal una persona adicta pierde la sensibilidad, de tal forma que las molestias físicas que puede sentir por su adicción no se comparan con la satisfacción que puede darle la sustancia que ingirió; del mismo modo una persona que ha encontrado deleite en el Señor no le importa las circunstancias adversas que pueda estar viviendo, siempre querrá más y más de Él.

 

Salmos 30:4 (NBE) Toquen para el Señor, sus adictos, confiesen que él es santo.

Un adicto al Señor  no puede quedarse callado, necesariamente alabará al Señor y mientras lo hace es defendido de sus enemigos.

 

Salmos 37:28 (NBE) porque el Señor ama lo que es justo y no abandona a sus adictos, los guarda siempre; pero la estirpe de los malvados se extinguirá.

 

El Señor no abandona a sus adictos, no importa quién nos haya abandonado, o si hemos sido infieles, El siempre permanece fiel y no nos va a abandonar. Vemos que al apóstol Juan estaba prisionero en la isla de Patmos, sin embargo fue ese el lugar que el Señor eligió para presentarse a él.

 

Tito 1:9 (FTA) adicto a las verdades de la fe, según se le ha enseñado a él,  a fin que sea capaz de instruir en la sana doctrina, y argüir a los que contradijeren.

 

Tito 1:9 (LBN) y muy adicto al auténtico mensaje de la verdad transmitida. Así podrá exhortar y animar con sana instrucción y rebatir a los contradictores.

 

Ambos pasajes nos dejan ver que existe una adicción a la palabra, pues cuando hemos probado las delicias de ella y nos acostumbramos a recibir un mensaje del cielo es imposible conformarnos con un mensaje humano.

 

Adicto también puede ser un sinónimo de Santo, pues hay versiones que traducen el Salmo 116:15 como: estimada a los ojos del Señor es la muerte de sus adictos.

 

Anhelemos que le Señor nos vuelva Sus adictos, que podamos experimentar adicción por todo lo que proviene de El, de esa forma ser atraídos y correr en pos de El.

 

 

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