La primera batalla 2

Apóstol Sergio Enríquez.

La historia nos relata que Constantino fue el fundador de la iglesia imperial, donde nació la iglesia católica y por ello, Elena, su progenitora, fue consideraba por esa religión como una santa. Ella viajó a Jerusalén y sin tener conocimiento de arqueología señaló la ubicación de varios lugares, entre ellos el Monte de la Tentación o de la Cuarentena, donde Cristo tuvo su primera batalla. Asimismo, algunos indican que el Monte de la Tentación se encuentra frente a Jericó, lugar que Josué pidió al pueblo de Israel que examinará minuciosamente, antes de entrar a la tierra prometida.

Mateo 4:1-10 (LBA) Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. 2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces[a] tuvo hambre. 3 Y acercándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan[b]. 4 Pero El respondiendo, dijo: Escrito está: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” 5 Entonces el diablo le llevó* a la ciudad santa, y le puso sobre el pináculo del templo, 6 y le dijo*: Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo, pues escrito está: “A sus ángeles te encomendara”, y: “En las manos te llevaran, no sea que tu pie tropiece en piedra.” 7 Jesús le dijo: También está escrito: “No tentaras[c] al Señor tu Dios.” 8 Otra vez el diablo le llevó* a un monte muy alto, y le mostró* todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrándote me adoras. 10 Entonces Jesús le dijo*: ¡Vete, Satanás! Porque escrito está: “Al Señor tu Dios adoraras, y solo a El servirás.

Al analizar este relato vemos que la primera batalla de Cristo fue la tentación, la cual sucedió después de haber sido lleno del Espíritu Santo. Si algo debemos entender como cristianos, es que Dios no tienta a nadie, sin embargo, muchas veces es necesario que se nos pruebe para medir nuestro nivel espiritual.

Cuando Cristo fue tentado, la primera tentación fue dirigida a su cuerpo (pan), el cual representa las cosas materiales. Posteriormente, fue tentando en el alma, lo que representa las cosas emotivas o sentimentales; y finalmente, fue tentado en el espíritu, lo que representa una adoración falsa. Estas son tres tentaciones que como cristianos enfrentaremos.

Es importante notar que, en la tentación de Cristo, la primera fue efectuada por el diablo, luego el por el tentador y por último por satanás. Cristo se enfrentó al enemigo en tres lugares distintos, el desierto para el cuerpo, la santa ciudad para el alma y el monte alto para el espíritu.

Ahora bien, en Josué 2:1 (LBLA), se señalan tres indicaciones para el pueblo de Israel: 

             1. Id

  1. Reconocer la tierra

  2. Especialmente Jericó

En este pasaje, se encuentra también, el escenario para la primera batalla que tuvo el pueblo de Israel para entrar a la tierra prometida, donde Josué ordenó a los israelitas que, previo a entrar, indagaran minuciosamente la tierra de Jericó.

Arqueológicamente los científicos insisten en que Jericó es la ciudad más antigua del mundo. De ello, surge la siguiente premisa: Para conquistar Canaán es imperativo conquistar primero lo más viejo. Conquistar el principio, lo primitivo, la genética del mal.

La tentación puede estar altamente ligada con la genética. Por eso, es necesario atacar Jericó, es decir, atacar desde la raíz, a través de la liberación. Dios quiere que creamos que nuestros enemigos están por debajo de nuestros pies. Quiere que confiemos en Su autoridad sobre toda potestad y huestes en las regiones celestes, puesto que tenemos un Dios grande y poderoso. Recordemos que su palabra nos dice que El justo por la fe vivirá.

¿Qué representa Jericó?

Rahab, quien era habitante de Jericó era una ramera, es decir que vendía su cuerpo a los hombres. Como hijos de Dios, sabemos que no estamos a la venta, porque fuimos comprados desde hace muchos años por la sangre de Cristo. Quien se vende, tiene un espíritu de prostitución.

Acab se vendió a Jezabel para hacer lo malo, por lo que su actuar no agradó al Señor. Como cristianos no podemos soportar la maldad.

Nosotros hemos sido llamados para vencer toda tentación. El Señor hoy nos fortalece para derribar Jericó, por lo que declaramos que es quemada y destruida toda tentación a través de la fe, para recibir las promesas que Dios tiene para nosotros.

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