La diáspora

Apóstol Sergio Enríquez. Dios le dijo a Israel que los bendeciría y les dio promesas extraordinarias, pero también les dio ciertas advertencias, por ejemplo, que si no le obedecían, Él los iba a castigar como un padre castiga a un hijo, y que este castigo sería duro. Dentro de estos castigos que están descritos en Deuteronomio 28, está el hecho de que los iba a dispersar a todas las naciones, y que serían motivo de burlas en ellas. Dios fue paciente para cumplir esta reprensión, pero ellos insistieron en no obedecer, por ejemplo, en el tiempo de los Jueces, caminaban de acuerdo a como ellos los instruían pero cuando ellos morían, volvían a pecar delante de Dios. Ahora mismo hay comunidades israelitas en todos los países, como resultado de la diáspora, sin embargo, en 1948 inició el retorno físico de este pueblo, a su tierra. Ahora bien, pensemos en el por qué este pueblo fue castigado de esta manera, pues aunque sabemos que fue por desobediencia, vemos que hubo ciertas cosas que llegaron a su límite y esto desencadenó el castigo de Dios. Este ejemplo, nos sirve por si estamos siendo castigados, para que tomemos la medicina que nos corresponde, pero si no es así, tomemos entonces una medicina preventiva. La palabra diáspora tiene varios significados, desarraigar a alguien de un lugar, destierro, expulsión, expatriación, deportación y exilio. El ser una persona exiliada, debe ser algo muy difícil, pues los que pasan por esta situación, no pueden regresar a su patria aunque muera un ser querido. Israel, de la misma forma estaba muy arraigado a su tierra, pues es un pueblo muy patriota. Ahora bien, este tema es trasladado a la iglesia, o sea en al ámbito espiritual, para lo cual necesitamos ver el siguiente versículo: Isaías 5:13 CEE 2011 Por eso mi pueblo es deportado, porque no comprende, los notables mueren de hambre, la muchedumbre se abrasa de sed. Los que pertenecen al pueblo de Dios, al no comprender, son deportados, desterrados, exiliado, pero la pregunta es de dónde, pues Israel fue expulsado de su tierra, pero la iglesia será expulsada de la tierra en abundancia. La iglesia entonces inició su caminar saliendo de Egipto que es el mundo, pasamos el Mar Rojo que es el bautismo en agua, pasamos por el desierto que es una especie de preparación, luego atravesamos el Río Jordán; bautismo con el Espíritu Santo y llegamos a Canaán que es la vida en abundancia, y es allí donde deberíamos permanecer. Este camino se trata entonces de permanecer en la tierra de abundancia, la tierra de los vivientes, aún estando en esta dimensión. De la misma forma que el Señor Jesucristo estando en esta tierra pidió por los discípulos diciéndole al Padre: te ruego por estos porque aún están en el mundo y yo no estoy en el mundo… es decir, que estando acá Él alcanzó vivir en la tierra de los vivientes dimensionalmente, aunque físicamente estaban juntos. Según el Salmo 27:13 la bondad de Jehová está en la tierra de los vivientes, en el lugar donde estaba Jesús, aunque físicamente, como ya lo dijimos, estaba en la tierra literal. Él quería que sus discípulos tuvieran la experiencia de estar en esa dimensión, al igual que lo quiere para nosotros. Por eso cuando no estamos bien delante del Señor, somos expatriados o exiliados de la tierra de los vivientes, sin perder nuestra salvación, pero contristando al Espíritu Santo. Entonces es cuando se cumple el texto que utilizamos, “mi pueblo es deportado porque no comprende”. Lo mejor en este caso es que no nos deportaran, pero si somos deportados porque no comprendemos, la solución lógica debe ser que comprendamos. Pero entonces surge la pregunta ¿qué debemos hacer para comprender?, y la respuesta es: “por medio de la revelación”. Veamos el siguiente Salmo de Asaf: Salmos 73:1-3 LBLA Salmo de Asaf. Ciertamente Dios es bueno para con Israel, para con los puros de corazón. 2 En cuanto a mí, mis pies estuvieron a punto de tropezar, casi resbalaron mis pasos. 3 Porque tuve envidia de los arrogantes, al ver la prosperidad de los impíos. Parecería que a los arrogantes les va muy bien, aunque no buscan a Dios, y nos lo hacen ver. Salmos 73:4-5 LBLA Porque no hay dolores en su muerte, y su cuerpo es robusto. 5 No sufren penalidades como los mortales, ni son azotados como los demás hombres. Los arrogantes no se preocupan porque creen que no morirán. Salmo 73:6-9, 13-14 LBLA Por tanto, el orgullo es su collar; el manto de la violencia los cubre. 7 Los ojos se les saltan de gordura; se desborda su corazón con sus antojos. 8 Se mofan, y con maldad hablan de opresión; hablan desde su encumbrada posición. 9 Contra el cielo han puesto su boca, y su lengua se pasea por la tierra. 13 Ciertamente en vano he guardado puro mi corazón y lavado mis manos en inocencia; 14 pues he sido azotado todo el día y castigado cada mañana. Asaf pensaba que no servía de nada todo lo que hacía, pero solo lo pensaba, pues si lo hubiese dicho, hubiese traicionado a los hijos de Dios. Salmos 73:15-18 LBLA Si yo hubiera dicho: Así hablaré, he aquí, habría traicionado a la generación de tus hijos. 16 Cuando pensaba, tratando de entender esto, fue difícil para mí, 17 hasta que entré en el santuario de Dios; entonces comprendí el fin de ellos. 18 Ciertamente tú los pones en lugares resbaladizos; los arrojas a la destrucción. Por ejemplo, enterarnos que un hermano que fue alcanzado por una bala perdida, murió; es una situación que no podemos comprender, aunque en realidad la Biblia dice el justo es librado de la tribulación y el impío toma su lugar (Proverbios 11:8), pero cuando las cosas suceden de una forma que lo logramos comprender; pensamos que las cosas malas solamente le debería pasar a los malos, no a los que buscan de Dios; pero entonces para llegar a esa comprensión, es necesario que entremos en el Lugar Santísimo para poder comprender el propósito de Dios. Eso significa que no podemos quedarnos en el Atrio o en el Lugar Santo. Cuando ya hemos probado lo que sucede en este lugar, no queremos salir de allí, y cuando salimos, queremos volver a entrar. En este lugar se prueba el buen vino, y al probarlo ya no queremos de otro. Estando en el Lugar Santísimo es cuando adorando a Dios decimos cosas o prometemos cosas que a veces son imposibles, pero ya las dijimos y en su momento Dios las cumplirá, por ejemplo, el hecho de servirle a Dios predicando Su palabra sin importar a dónde nos envíen. Pero también en ese lugar encontramos entendimiento y comprensión, tal como lo dice el Salmo: “una sola cosa he pedido al Señor y esa buscaré, que pueda estar todos los días de mi vida en su templo para inquirir”, para preguntar y comprender. Cuando venimos a la congregación a nuestras reuniones, debemos anhelar que el Señor nos bendiga y nos dé lo que necesitamos, pero no quedarnos fuera, debemos entrar al Lugar Santísimo para poder decir como la mujer del flujo de sangre, “si tan solo tocare el borde de Su manto, seré sana”. Debemos esforzarnos para poder entrar al Lugar Santísimo mientras estamos en nuestras reuniones, tanto los que estamos recibiendo como los que estamos sirviendo. Cuando iniciamos en el Señor no habían cantos tan bellos como los de ahora, pero nos tocaban el corazón porque nos abstraíamos del mundo exterior cerrando nuestros ojos y entonces éramos bendecidos. Hoy, si queremos entrar al Lugar Santísimo, debemos entregarnos completamente en nuestro cántico y adoración. Salmos 51:6 RV 1960 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Este versículo es uno de los que tienen su explicación al inicio del capítulo. Dice que fue cuando el profeta Natán le fue a hablar a David, después de que éste falló con la esposa de Urías heteo. Hasta entonces David no había tenido revelación de lo que había hecho y de su situación, aquí ya la tenía y entonces dice “me doy cuenta que tú, oh Señor, amas la verdad en lo íntimo y me haz hecho comprender”. Lo íntimo o secreto no lo conoce nadie más que nosotros mismos, a veces son cosas que pensamos antes de dormir en nuestro lecho; nadie sabe lo que oramos o lo que pedimos, solo el Señor y nosotros. A veces no comprendemos por qué nos pasa lo que nos pasa, porque pensamos que las cosas deben ser como nosotros queremos o pensamos que deben ser, pero Dios jamás le pidió consejo a nadie, por lo que nos toca solamente ir a llorar delante del Señor y de repente El nos enviará la comprensión de nuestra situación, pero eso es únicamente en lo secreto. Salmos 119:99 FTA He comprendido yo más que todos mis maestros, porque tus mandamientos son mi meditación continua. Anhelamos en el Señor que derrame un Espíritu de Revelación sobre todos nosotros para que haya comprensión. Que este texto se haga realidad en nuestra vida y podamos meditar en la palabra del Señor de día y de noche, para que comprendamos lo que Él quiere para nosotros.
Publicado en Apóstol Sergio Enríquez.

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