La certificación de la fe

Apóstol Sergio Enríquez.

En nuestra vida ministerial es necesario que crezcamos integralmente para que podamos desempeñar nuestra función de una forma agradable delante del Señor. En el Antiguo Testamento, el sacerdote era una especie de médico, que debía examinar al pueblo para saber qué tipo de padecimientos estaba sufriendo; en este tiempo, como sacerdotes que somos, también debemos ser diligentes en conocer el rostro de nuestras ovejas (Proverbios 27:23) y así poder diagnosticarles de forma adecuada en lo espiritual.

Lucas 5:14 (LBLA) Y El le mandó que no se lo dijera a nadie. Pero anda—le dijo—, muéstrate al sacerdote y da una ofrenda por tu purificación según lo ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.

Este verso nos habla del leproso que Jesús sanó, al que después le da la instrucción de ir a presentarse delante del sacerdote, no para ser sanado si no para que el sacerdote certificara que estaba sano, acto al que se le llamaba purificación. Nosotros, como sacerdotes en cada una de nuestras congregaciones debemos verificar algunas cosas dentro de la iglesia, por ejemplo el crecimiento espiritual de las ovejas para darles ciertos privilegios; otra de las cosas que debemos certificar es la Fe, basándonos en aquellas cosas que la escritura dice de los que creen.

Juan 6:35 (LBLA) Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.

Este verso lo podemos ver como un proceso en el que primero está el venir al Señor y luego creerle, lo que provocará que ya no tengamos sed.

Juan 7:38 (LBLA) El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva.”

Este sería el siguiente paso, en el cual después de ser saciados, el agua comienza a brotar de nuestro interior, lo que provocará que ya no volvamos a sentir sed.

Juan 7:39 (LBLA) Pero El decía esto del Espíritu, que los que habían creído en El habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado.

Al seguir leyendo este pasaje podemos observar que ese río de agua viva es el Espíritu Santo, de tal forma que, para que nuestra fe esté certificada es necesaria esta evidencia. Es necesario que en nuestras congregaciones ministremos constantemente la llenura del Espíritu Santo, primeramente enseñando cómo recibir el bautismo, pues es algo que se debe anhelar y pedir fervientemente.

Ante esto también es necesario enfatizar que como ministros debemos estar llenos del Espíritu, pues no podemos ministrar aquello de lo cual carecemos, y si se da el caso de un ministro que, por diferentes circunstancias, aún no ha sido bautizado por el Espíritu Santo, lo debe anhelar y buscar más que nada. Esto no nos debería extrañar pues en la Biblia encontramos a Apolo el cual, a pesar que funcionaba como Apóstol y hablaba elocuentemente, no tenía la unción del Espíritu.

Este ejemplo nos deja ver que necesitamos la unción, pues cuando predicamos no podemos confiar más en las herramientas que usamos, que en la unción del Espíritu.

Juan 8:31 (LBLA) Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en El: Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos;

En este verso vemos que la certificación de la fe estaba en ser discípulos; según la escritura para ser discípulos es necesario ser bautizado en agua y enseñado en la palabra (Mateo 28:19-20). Es necesario que seamos discipulados, a la manera de Eliseo, que no se separaba de Elías aunque este lo rechazaba; sin embargo también es necesario que permitamos que los que nos escuchan se puedan acercar a nosotros para ser nuestros discípulos, pues esto nos ayudará a certificar su fe.

Juan 9:38 (LBLA) El entonces dijo: Creo, Señor. Y le adoró.

Para que la fe sea certificada, después de ser discípulos tenemos que adorar. Entendemos que la adoración no es solo cantar, pero si nunca cantamos y adoramos cuando es el momento en el servicio nuestra fe no estará siendo certificada. Como certificadores, también debemos observar a las ovejas, pues si hay alguno que nunca lo vemos adorar, debemos ponerle atención y averiguar por qué no lo hace.

Juan 11:40 (LBLA) Jesús le dijo: ¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios?

Si creemos debemos ver la gloria de Dios; debemos enseñarle a las ovejas que el que creyó sin ver es bienaventurado, pero después de creer hay que ver. Cuando la gloria de Dios se manifiesta, es necesario que observemos si nos percatamos de que la gloria está allí, pues eso certificará nuestra fe.

Juan 12:36 (LBLA) Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seaís hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos.

Jesús es la luz, debemos creer en la luz para ser hijos de luz. Una de las señales que estamos en la luz y no en tinieblas es que el día del Señor no nos sorprenderá como ladrón en la noche (1 Tesalonicenses 5:4), sino que nos encontrará preparados para el encuentro con nuestro amado.

Juan 12:46 (LBLA)Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas.

Si creemos, no permaneceremos en tinieblas. Una de las formas de asegurarnos que no estamos en tinieblas es no aborrecer a nuestro hermano (1 Juan 2:11), por lo que también debemos observar a aquellos que fácilmente discuten y se enojan con sus hermanos dentro de la iglesia, pues no podremos certificar su fe.

Cuando observemos en alguien todas estas características que nos sirven para certificar su fe, espiritualmente podremos utilizar el anillo de sellar que el Señor nos ha entregado para presentarlos delante del Señor, dando testimonio de su fe.

Publicado en Apóstol Sergio Enríquez.

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