Jesús en la casa

Apóstol Sergio Enríquez.

La palabra dice que existe un cántico de los redimidos, que nadie más lo puede aprender, por lo que tampoco nadie más lo puede cantar. Los ángeles no lo pueden cantar porque no han sido redimidos, entonces solo lo pueden cantar aquellos que han sido salvos, es decir, redimidos; estos somos nosotros, los redimidos del Señor, los únicos que podemos entonar este cántico.

La alegría, el gozo, el regocijo vienen no porque cantemos, sino que es el cumplimiento de una promesa que está en Isaías 51:11, que en tiempos de tristeza habrá alegría en nuestros corazones. No dice que cambiará el entorno primero, sino que cambiará el interior de nuestro ser para después cambiar el entorno. El ejemplo de esta transformación fue Ana, pues ella no recibió lo que necesitaba después de derramar su alma delante del Señor, sino que primero cambió su ser interior pues ya no estuvo más triste, y después vino el cumplimiento de la promesa, cuando el Señor le dio hijos.

En el arca del pacto también está la sombra, pues fue revestida de oro, primero por dentro y después por fuera. También los héroes más grandes de la historia tuvieron primero un cambio en su ser interior y después fueron cambiadas sus circunstancias. En el tiempo de Jesús, el líder romano era César y todos los aquellos que no fueran romanos eran tratados como esclavos; los judíos pensaron que el Señor venía a librarlos del yugo romano, pero no fue así literalmente, sino que les enseñó que debían obedecer a las autoridades lo cual les traería bendición.

El Apóstol Pablo fue llevado a la cárcel, una experiencia muy desagradable, y cuando lo llegan a visitar les dice a sus hermanos que se regocijen: “y otra vez os digo que os regocijéis”, aún estando en las circunstancias que se encontraba. Todos debemos apropiarnos de la promesa del Señor, en el sentido que será cambiado nuestro lamento en baile y que nos ceñirá de alegría.

La alegría es un círculo virtuoso, pues ella trae triunfo y el triunfo trae alegría, por eso, una de las cosas que debemos hacer con alegría es servir al Señor, aunque hay algunos que no lo hacen así, sino que lo hacen recriminando; pero a ellos Dios les dice que servirán a sus enemigos si siguen en esa actitud. Si estamos felices, debemos servirle a Dios, cantar alabanzas y dar, pero si estamos tristes debemos pedir que oren por nosotros para salir de ese estado y ser felices.

En estos tiempos finales, habrá una batalla contra la felicidad, pues dice la Palabra que el amor de muchos se enfriará, y si no hay amor no puede haber felicidad. Por ejemplo, dice que si hay alguien que habla mal de nosotros, que nos regocijemos y nos alegremos. El gozo mostrado en estas circunstancias es sobrenatural, tal como les sucedió a los apóstoles del principio, que se sintieron bienaventurados y se regocijaron por haber sufrido por el evangelio. A media noche Pablo y Silas cantaban himnos mientras estaban encarcelados, después de esto, el Señor envía un terremoto y salen libres, entonces el carcelero es evangelizado y bautizado. Le cambiaron su ser interior al sentirse con alegría, porque ninguno de los presos desapareció, y también le fue cambiado su entorno.

Ahora bien, uno de los enemigos de la alegría es el enojo, cuya principal causa es tener muchas ocupaciones, tal como le sucedió a Marta, que estaba disgustada porque se centró en servir, y no 

escogió la mejor parte como María, que se sentó a escuchar la palabra a los pies del Maestro. La Biblia dice que mejor es vivir en un rincón del terrado, que en una casa con mujer rencillosa(Prov.21:9). El llamado hoy es para que no perdamos el gozo, pues la bendición del gozo de la salvación nos fue dada por medio de Jesucristo, que murió por nosotros y resucitó de entre los muertos.

Otro enemigo de la alegría es la tristeza, que puede venir por no tener algo que deseamos o por pérdidas que hemos sufrido, incluso hay muchos que se enamoran de ella, pues hasta le cantan; pero debemos tomar el ejemplo del Apóstol Pablo, quien dijo que encontró el secreto de vivir contento, teniendo o no teniendo.

Ahora bien, por un momento pensemos qué haríamos si el Señor nos dice: “es necesario que hoy llegue a tu casa”, tal como se lo dijo a Zaqueo. Vemos que el Señor le dijo a este hombre lo que haría, posiblemente con el propósito que se preparara para ello. No puede haber algo más grande que Jesús llegue a nuestra casa. El Señor se dirigió directamente a Zaqueo, porque él era el portero de su casa; y le dijo que era necesario que Él estuviera en su casa, como preguntándole si quería recibirlo. Ninguno de nosotros se negaría a esto, tampoco Zaqueo lo hizo y hubo cambios en su vida y en su hogar.

Hemos encontrado en la Palabra de forma muy repetitiva la ministración de los cinco ministerios, porque si recibimos a quien el Señor envió, lo recibimos a Él también, o sea, los cinco ministerios a prepararnos para Su venida. Por ejemplo, en el libro de Cantar de los Cantares, se encuentran cinco noches, lo cual nos enseña que la mujer que se va a casar con el Señor, debe estar ministrada por los cinco verdaderos ministerios, enviados por el mismo Señor Jesucristo. Los verdaderos ministerios tienen no solo credenciales terrenales, sino también credenciales del cielo que le sirven para poder guiar adecuadamente a la Amada del Señor.

Al igual que entró a la casa de Zaqueo, el Señor Jesucristo entró a diferente ciudades y aldeas, pero solo entró a cinco ciudades cuyo nombre inicia con la palabra hebrea beth que signifca “casa”; estas ciudades son: Bethsaida, Bethania, Bethlehem, Bethesda y Bethfagé.

Bethsaida significa casa del pescado o casa de la pesca, que nos da a entender que es la casa del ministerio evangelista. Esto significa que necesitamos ser ministrados bajo esa unción para poder pescar o evangelizar, iniciando por nuestra familia.

Juan 1:44 LBLA Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y de Pedro.

Andrés y Pedro eran pescadores, y ellos, además de pescar, debían limpiar sus redes, esto nos enseña que si deseamos evangelizar adecuadamente, es necesario limpiar nuestras redes, no solamente en el ámbito espiritual, sino aun lo material, lo que hoy se conoce como redes sociales, con el propósito que otro vean que practicamos lo que hablamos.

Publicado en Apóstol Sergio Enríquez.

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