Hombres cabeza

Apóstol Sergio Enríquez.

Dios pone hombres en la tierra como cabezas, los cuales han sido elegidos desde antes de nacer por lo que llegan con las características propias de un líder, con el propósito que cuando sean llamados a ejercer su liderazgo dentro del reino de Dios, lo hagan de una forma adecuada, ya sea organizando, asumiendo responsabilidades, siendo ejemplo, etc.

Éxodo 18:25 (LBLA) Y escogió Moisés hombres capaces de entre todo Israel, y los puso por cabezas del pueblo, como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez.

Este verso nos deja ver que hay cinco tipos de líderes:

  1. Moisés (quien debía generar otros lideres)

  2. Jefes de mil

  3. Jefes de cien

  4. Jefes de cincuenta

  5. Jefes de diez

Siendo pastores somos llamados a levantar líderes dentro de las congregaciones que pastoreamos, siguiendo estos parámetros, principiando con que deben ser capaces, para lo cual es necesaria una correcta ministración, pues sabemos que sólo la sangre de Cristo nos hace capaces para toda buena obra.

Es necesario aclarar que antes que una persona sea considerada líder, debe mostrar fidelidad, pero no sólo a Dios, sino también a nosotros los ministros, porque la escritura nos muestra este principio (1 Juan 4:20): no podemos afirmar que hacemos algo hacia Dios (a quien no vemos), si no lo hacemos con nuestros hermanos (a quienes si vemos). Esto se aplica no solamente al amor sino también a la sujeción, la fidelidad, incluso al diezmo (Hebreos 7:8). Por eso cuando Dios encuentra a alguien fiel lo unge y lo vuelve capaz.

En todo esto también debemos recordar que es Dios quien constituye ministros primarios (Efesios 4:11 RV60), no así a las ayudas ministeriales como ancianos y diáconos, que son llamados por el ministro que los cubre (Tito 1:5). Esto también lo vemos cuando los doce apóstoles pidieron que entre los discípulos se escogieran a los que iban a servir en las mesas (Hechos 6:2-3), sin embargo estos debían cumplir ciertos requisitos como lo deja ver la Biblia.

Otro aspecto que nos deja ver las delegaciones que hizo Moisés es que, si bien todos eran capaces, no lo eran en el mismo nivel en cuanto al número de personas de las que debían encargarse, lo que significa que también a los pastores, el Señor nos permite pastorear las ovejas de las cuales tenemos capacidad de atender, de tal manera que nuestra congregación crecerá en la medida que nosotros también crezcamos en capacidad.

Esto aplica también cuando levantamos hijos espirituales para que se ejerciten en la predicación, pues no es lo mismo impartir un discipulado a un grupo limitado de personas, y predicar a toda la 

congregación, son 2 cosas diferentes. Es importante que dentro de las ovejas que pastoreamos, de pronto Dios levante ovejas que oportunamente podamos delegar en lugar nuestro, para la predicación de la palabra, porque parte del crecimiento ministerial es que podamos compartir de la revelación que Dios derrame sobre nosotros, en otras congregaciones cuando somos invitados, pero haciéndolo sin descuidar el rebaño que Dios nos dio a pastorear; delegando dentro de las mismas ovejas que pastoreamos y no buscando quien lo haga e invitando de otras congregaciones.

Claro que tampoco es pecado que invitemos ministros primarios, incluso ovejas de otra congregación para que de pronto un día lleguen en delegación nuestra y prediquen a las ovejas que Dios nos haya encomendado; pero lo mejor es que aprovechemos la retroalimentación que pueda haber dentro de las ovejas que constantemente estamos pastoreando.

Una situación que necesitamos considerar fuertemente es que los hombres cabeza se ven afectados por diversos conflictos; uno de los más mencionados en la escritura es el polvo sobre la cabeza que representa humanismo o luto. Veamos el siguiente versículo:

Josué 7:6 (LBLA) Entonces Josué rasgó sus vestidos y postró su rostro en tierra delante del arca del SEÑOR hasta el anochecer, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas.

Si leemos el contexto de este pasaje, vemos que esto sucedió debido a la derrota que sufrió el pueblo de Israel en Hai, ya que se presentaron a la batalla menospreciando a su enemigo por considerarlo pequeño. Esto nos habla que no debemos menospreciar los problemas por pequeños que puedan ser, pues una zorra pequeña, echa a perder grandes viñas (Cantares 2:15). Consideremos que mientras un problema es pequeño es más fácil de resolver, mañana podría tornarse en una situación totalmente descontrolada.

El nombre Hai significa ruinas, lo que nos habla de cosas del pasado que el enemigo nos puede recordar para tentarnos, y que debemos derribar para poder avanzar. José creía haber olvidado la casa de sus padres y todo lo que sufrió allí, pero cuando aparecieron sus hermanos vio que no era así, sin embargo Dios lo permitió para que fuera sanado en esa área de su alma. Como hombres cabeza no podemos permitir que el polvo de las ruinas este sobre nuestra cabeza porque aquello que le permitamos al enemigo que nos esté afectando, de algún modo podría afectará a las ovejas del Señor que estemos pastoreando. Por eso, si detectamos alguna situación de nuestro pasado que nos esté afectando, es importante derribarlo en el nombre de Jesús con el propósito de ser totalmente libres y tener la solvencia de enfrentar al enemigo en cualquier momento.

1 Samuel 4:12 (LBLA) Y un hombre de Benjamín corrió del campo de batalla, y llegó aquel mismo día a Silo, con sus vestidos rotos y polvo sobre su cabeza.

Según el relato bíblico, este hombre había perdido el arca de la presencia de Jehová y eso causó luto en su cabeza. La escritura también nos deja ver que los pastores se pueden entorpecer si no 

buscan a Dios (Jeremías 10:21), por lo que es importante que roguemos al Señor que Su presencia no se aparte de nosotros; que la amemos y anhelemos para que no seamos como Sansón que no supo el momento en que la presencia de Dios lo abandonó.

Publicado en Apóstol Sergio Enríquez.

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