Discerniendo a los siervos

Apóstol Sergio Enríquez.

En nuestra vida ministerial, la palabra nos manda a discernir muchas cosas, entre ellas a ministros, mensajes, profecías, ángeles, etc., aunque no es sencillo, pues a los mismos apóstoles del Cordero les fue difícil entender los milagros que el Señor hacía (Marcos 6:52) y también vemos el caso de Juan e Apóstol, que en dos ocasiones se inclinó ante un ángel en el libro de Apocalipsis. Discernir es un regalo de Dios, y el no tenerlo puede conducir al pueblo a la cautividad (Isaías 5:13).

Dios tuvo misericordia del pueblo de Nínive que no podían discernir lo bueno de lo malo, tampoco un niño puede discernir entre lo bueno y lo malo (Isaías 7:16), pero no podemos quedarnos en esa condición, sino debemos avanzar para ser capaces de hacerlo, sabiendo que los ministros hemos sido dejados para llevar a la madurez a la Iglesia (Efesios 4:14), sin embargo para esto, primero debemos ser maduros, teniendo en cuenta que la madurez no se improvisa, sino se adquiere con el paso del tiempo y la experiencia vivida. Por esta razón no podemos menospreciar a los ancianos y su experiencia, sin hacer de lado a los jóvenes, pues el verdadero avivamiento es el que se da juntamente entre jóvenes y ancianos.

Malaquías 3:18 (LBLA) Entonces volveréis a distinguir entre el justo y el impío, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.

Este verso nos deja ver que estas personas un tiempo si pudieron distinguir entre el justo y el impío, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve, pero perdieron la capacidad de hacerlo; sin embargo, al leer los versos anteriores podemos observar que una de las formas de recuperar esa capacidad de discernir es el diezmar (Malaquías 3:10). Para discernir a un siervo no podemos basarnos solo en cosas que se ven como un mensaje bonito, una gran iglesia; entonces no es fácil discernir, pero una de las formas eficientes para hacerlo es por medio de los diezmos pues este pasaje de Malaquías está precedido por la instrucción de diezmar (Malaquías 3:10).

Daniel 6:20 (LBLA) Y acercándose al foso, gritó a Daniel con voz angustiada. El rey habló a Daniel y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, tu Dios, a quien sirves con perseverancia, ¿te ha podido librar de los leones?

En este verso podemos ver varios elementos de juicio para saber si alguien es siervo de Dios, uno de ellos es que sirve al Señor con perseverancia, es decir constancia. Daniel sirvió a Dios en cuatro reinados distintos, bajo diferentes circunstancias y de la misma forma debemos servir nosotros, sin importar las circunstancias que nos rodeen o los problemas con las ovejas. El rey reconocía a Daniel como siervo del Dios viviente, es decir que el rey sabía que Daniel no era su siervo, sino de Dios, pero esto solo puede darse cuando damos testimonio de lo que somos.

Jeremías 15:19 (DHH 1994) Entonces el Señor me respondió: “Si regresas a mí, volveré a recibirte y podrás servirme. Si evitas el hablar por hablar y dices solo cosas que valgan la pena, tú serás quien hable de mi parte. Son ellos quienes deben volverse a ti, y no tú quien debe volverse a ellos.

Es necesario que cuidemos qué es lo que hablamos, dice la Biblia que el predicador busca palabras agradables (Eclesiastés 12:10), por lo que debemos pedirle al Señor que nos de gracia para trasladar el mensaje, aunque este sea confrontativo, pues no podemos golpear ni acusar a las 

ovejas. Otra parte de este verso nos llama a que si en algún momento nos desanimamos al ver las actitudes de las ovejas, el Señor nos llamará para sanar nuestro dolor y que podamos servirle de nuevo, con fuerzas renovadas. También es importante que no utilicemos el púlpito para quejarnos ni manifestar nuestro dolor, si es necesario que lloremos debemos hacerlo en lo privado delante del Señor y salir en victoria para seguir sirviendo con amor.

Éxodo 19:6 (TLA) Ustedes serán mis sacerdotes ante todo el mundo, y se apartarán de todo para servirme sólo a mí.

El Señor nos demanda apartarnos de todo aquello que nos puede distraer de servirle, sabiendo que no podemos tener mejor jefe que Él. Procuremos ser siervos genuinos de Dios y no servirnos a nosotros mismos.

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