Antes de la cena 2

Apóstol Sergio G. Enríquez O.

Hoy participaremos de la Santa Cena del Señor, tenemos los elementos frente a nosotros y podemos meditar en cómo éstos fueron preparados con anticipación antes de ser repartidos, podemos imaginar que necesariamente hubo un grupo de hermanas que diligentemente se organizaron para cortar el pan y servir el vino.

Ahora bien, si los elementos fueron preparados antes de ser repartidos, cuánto más nosotros debemos prepararnos en lo espiritual antes de participar de la Cena del Señor, por esa razón veremos a la luz de la palabra, cómo el Señor Jesús le pidió a Pedro y a Juan que prepararan la pascua.

Lucas 22:8 (LBA) Entonces Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id y preparad la Pascua para
nosotros, para que la comamos.

Si somos meticulosos en estudiar la biblia, podemos ver que el Señor antes de instaurar la Santa Cena celebró la pascua, muchos dicen que fue la última cena, sin embargo fue la última pascua y la primera Santa Cena, con la que se dio fin al antiguo pacto e inicio al nuevo y con mejores promesas, por eso debemos ser cuidadosos y no confundirnos en querer celebrar las fiestas judías.

Lucas 22:9-10 (LBA) Ellos le dijeron: ¿Dónde deseas que la preparemos? Y El les respondió: He aquí, al entrar en la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle a la casa donde entre.

Vemos en estos versículos que el Señor no les dio una dirección exacta en dónde preparar la pascua, lo que les dio fue una señal, un hombre que lleva un cántaro de agua, lo cual es muy interesante porque en Israel las que tenían la función de ir por el agua eran las mujeres, lo cual hacia a este hombre una señal muy singular, pues los únicos hombres que acarreaban agua eran los que pertenecían a algún tipo de secta judías, dentro de las cuales estaban los llamados hijos de la luz, que eran varones que no se habían casado. Esta señal indicaba que la casa en que iban a celebrar la pascua era la casa de un judío, y aquí encontramos la primera enseñanza, ya que hasta hoy en día, los judíos antes de celebrar la pascua realizan un juego en el que los niños deben encontrar la levadura escondida en la casa, ya que después de la pascua viene la fiesta de los panes sin levadura y la casa debe estar limpia de levadura.

Sabemos que la levadura es figura del pecado y que un poco de levadura leuda toda la masa, por lo que esta es la oportunidad perfecta para buscar ese poco de levadura que aún podamos tener, ya que de no hacerlo, esta crecerá y leudará toda la masa, por esa razón es necesario que examinemos esos pensamientos que continuamente vienen y estamos reprendiendo como a moscas, pues si vuelven es porque hay algo dentro de nosotros, que los atrae.

Vemos que antes de la cena el Señor le lavó los pies a los discípulos (Juan 13:5). El hecho que nos lave los pies otra persona, puede llegar a ser algo muy incómodo, pues esto implica que verán nuestra higiene personal y nuestras imperfecciones. Entonces el lavatorio de pies antes de participar de la Cena nos habla que debemos acudir a la ministración personal, pues si no dejamos que nos laven los pies no tendremos parte con El. Es decir que la ministración es parte de la preparación antes de la cena, por lo cual debemos tener mucho cuidado de

prepararnos correctamente, porque Judas tomó la cena sin preparación y después de haber tomado el bocado de pan, Satanás entró en él (Juan 13:27).

Por esa razón debemos seguir al hombre del cántaro para asegurarnos que en el lugar donde participaremos de la cena, hay agua con la que nos lavarán los pies.

En el templo de Salomón había una fuente de bronce llamado también el mar de bronce, la cual estaba sostenida por doce bueyes, separados en cuatro grupos de tres, cada grupo viendo hacia los cuatro puntos cardinales. Sobre sus ancas descansaba el mar de bronce y el agua del mar pasaba por el cuerpo de los bueyes, hasta salir por su boca, brotando como una fuente, en donde los sacerdotes se lavaban los pies y las manos antes de entrar al Lugar Santo, en el que encontrarían el pan de la proposición. Si lo trasladamos al ámbito espiritual notaremos que los bueyes son figura de los siervos, el agua es figura de la palabra que sale de la boca de los siervos y que nos servirá para limpiar nuestro caminar y nuestras obras para luego entrar al Lugar Santo donde encontraremos el pan de vida y es allí en donde seremos catapultados a una nueva dimensión por medio el nuevo pacto en Su sangre.

ANTES DE LA CENA
Apocalipsis 3:20 ‘He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta,

entraré a él, y cenaré con él y él conmigo.

Podemos dividir este versículo en dos partes, en la primera vemos que el Señor está a la puerta y llama, pero no de la forma como comúnmente se tocan las puertas, El llama con su voz, por eso vemos que en Cantares 5:2 ¡Mi amado toca a la puerta! “Abreme, hermana mía, amada mía, paloma mía, perfecta mía, pues mi cabeza está empapada de rocío, mis cabellos empapados de la humedad de la noche. Y la segunda parte que es oír y abrir nos corresponde a nosotros como Su amada, por esa razón si oyereis hoy Su voz, no endurezcáis el corazón (Hebreos 3:15).

Juan 6:45 (LBA) Escrito está en los profetas: “Y TODOS SERAN ENSEÑADOS POR DIOS.” Todo el que ha oído y aprendido del Padre, viene a mí.

En este versículo vemos cómo el oír va acompañado del aprender, por esa razón no podemos quedarnos solo en oír, si no entendemos algo de lo que escuchamos preguntemos para poder aprender.

Mateo 11:4 (LBA) Y respondiendo Jesús, les dijo: Id y contad a Juan lo que oís y veis:

Notemos que en este versículo se suma otro sentido al oír, el cual es ver, sabemos que el ver vendrá después del creer; no te dije que si crees, verás la gloria de Dios (Juan 11:40); y que hay una bienaventuranza para los que sin ver creímos. Sin embargo es necesario ver, por esa razón el apóstol Juan dice; Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida… lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos. (1Juan 1:1-3) el evangelio que no se ve, se reduce a solo una serie de sermones, debemos aplicarle fe y empezar a vivir el evangelio glorioso que nos fue entregado.

Pidámosle al Señor ver cosas sobrenaturales, que sean abiertos nuestros ojos al participar del pan y del vino, como le sucedió a los de Emaús (Lucas 24:13), para que podamos decir como Job; De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven

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